RAUL HERAS

El “viejo Isidoro” quiere que el PSOE pierda en Andalucía para castigar aún más a Pedro Sánchez

Raúl Heras | Martes 12 de mayo de 2026

El político que creó el nuevo socialismo tras la muerte de Franco y lo gobernó durante veinte años, de los cuales catorce los pasó en la presidencia del Gobierno, ya ha decidido que en las próximas elecciones generales votará en blanco. Es una forma suave de señalar que no está de acuerdo con lo que dice el partido que dirige Pedro Sánchez, pero que no se atreve a defender al Partido Popular de Núñez Feijóo. Ese apoyo a la derecha española lo ha plasmado en Andalucía: mientras todos los que le acompañaron en aquella aventura política, desde Rafael Escuredo a Manuel Chaves, apoyan a María Jesús Montero, pese a saber que será la derrotada este próximo domingo, él se sentó con Juanma Moreno para homenajear a Cayetana de Alba.



El “viejo Isidoro”, que abandonó a Pilar Miró —la mujer que le puso blancas patillas en las fotos de la campaña electoral para darle un aire más sensato y conservador— cuando la atacaron durante su paso por la Dirección General de Televisión Española, hizo lo mismo cada vez que lo consideró necesario para sus intereses políticos y personales. Lo hizo con Alfonso Guerra, lo hizo con Miguel Boyer, lo hizo con José Barrionuevo y así hasta una larga lista de socialistas. Felipe no quería sombras a su lado y mantuvo como principal objetivo de su gestión la modernización de España siguiendo las directrices de Estados Unidos y de la Internacional Socialista que dirigían en aquellos momentos el alemán Willy Brandt y el sueco Olof Palme. Se convirtió en el gran mito de la socialdemocracia liberal europea. Hasta hoy.

Reconvertido en un asesor de lujo del mexicano Carlos Slim, el expresidente se define como socialista “no comprometido” con lo que hoy representan sus dos sucesores, tanto Rodríguez Zapatero como Pedro Sánchez, los otros dos secretarios generales del PSOE que se han sentado en el Palacio de la Moncloa. Con seguridad celebrará la previsible y abultada derrota de María Jesús Montero en las urnas como un clavo más en el ataúd que él mismo está dispuesto a llevar con los restos andaluces del que fuera su partido. Nada nuevo en la política: los que consiguen un récord en las urnas y en el poder no quieren que les igualen.

Se llevó bien con ZP en los inicios de este como presidente y terminó mal cuando el inquilino de La Moncloa no le hizo caso. Lo mismo le pasó con Sánchez y por los mismos motivos. Sus intereses políticos y su forma de ver el futuro no coinciden con los de sus sucesores, ni en España ni en su tierra. Está contento con Moreno Bonilla y haría bien en decirlo, como un atrevimiento y una verdad que le exigen los mismos que le alabaron y apoyaron hace treinta años.

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