Cada capítulo en la historia de estos últimos años de Indra, de cara a conseguir que se convierta en una empresa imprescindible para el futuro defensivo de Europa, pasa por una fusión con EM&E Group. La primera compra del 3,4% de Indra en mayo de 2023, por parte de los dos hermanos, no se debió a la casualidad. La hicieron con sus primeros créditos bancarios para cubrir los 65 millones de euros, que se ampliarían con nuevos avales financieros, en condiciones duras, por parte del norteamericano Morgan Stanley. En noviembre de ese mismo año llegaban al 8% del capital, con un representante en el Consejo de Administración, que en aquellos días tenía como presidente a Marc Murtra.
La audacia de Ángel y Javier se vio fortalecida por las conversaciones del primero con el director del Departamento de Asuntos Económicos de la Presidencia del Gobierno, Manuel de la Rocha, tras compartir mesa y mantel durante los cuatro días de travesía del Juan Sebastián Elcano, desde Vigo a Cádiz. El plan les pareció perfecto de cara a lograr un campeón europeo en Defensa, para poder tratar de igual a igual a las empresas alemanas, francesas e italianas. Había que mover varias piezas en el tablero y lo hicieron con la falsa seguridad de que nada se torcería: Marc Murtra se marcharía a presidir Telefónica por la pérdida de confianza en José María Álvarez-Pallete, a quien se despediría sin la menor consideración el 18 de enero de 2025 en una reunión urgente en el Palacio de La Moncloa, y en la que el papel de Ángel Simón, como representante de Criteria, sería fundamental.
Con Murtra al frente de Telefónica, el nombramiento de Ángel Escribano como presidente de Indra iba a ser un simple cambio, sobre todo tras la llegada del fondo Amber, de Josep Oughourlian, al accionariado con un cinco por ciento de las acciones. Se trataba de acortar plazos y correr lo más posible ante el reparto de los 500.000 millones de euros que los países de la UE se disponían a invertir con la excusa de la guerra de Ucrania, que les servía, de paso, para intentar ocultar las crisis económicas, industriales y sociales en sus respectivos países.
Si alguien podía acelerar en ese camino, ese era Ángel Escribano, bien acompañado por el CEO de la compañía, el eficaz De los Mozos. Manos a la obra de acuerdo con el resto de los accionistas, salvo por las pegas de Sapa y General Dynamics, que no se resignaban a perder una parte del suculento pastel de los miles de millones que se iban a canalizar desde el Ministerio de Defensa. Se buscaron los informes de auditoría y jurídicos pertinentes y empezaron los problemas. La ambición de los hermanos Escribano para, desde su pequeña empresa, pasar a ser los dirigentes de la primera multinacional de la Defensa en España, les llevó a ellos y a su protector, De la Rocha, a su primera y grave equivocación: fusionar Indra con EM&E despertó los recelos políticos y jurídicos en torno a una operación que, bien diseñada como intercambio de acciones o como compra total de la empresa familiar, podía permitir que tanto Ángel como Javier se hicieran con más del treinta por ciento de la futura campeona nacional, con su propio endeudamiento, pero sin poner un euro propio sobre la mesa.
Desde Moncloa vieron que sus dos principales inversiones en el sector tecnológico español, en dos empresas consideradas estratégicas como Telefónica e Indra, les podían enfrentar a nuevos problemas jurídicos, sobre todo cuando, en el grupo Criteria, su presidente, Isidro Fainé, no dudó en cesar a su consejero delegado sin que le temblara el pulso. Un nuevo escenario llevó a De la Rocha a pedirle al presidente de Indra que se marchara e incluso que vendiera su participación en la compañía. Semanas de tiras y aflojas, de valoraciones exageradas para dos empresas que necesitan de los encargos que les hagan desde el Ministerio de Defensa, y una solución salomónica que esconde un nuevo camino para alcanzar el objetivo final.
Escribano vende su 14,3% en Indra, con una valoración de unos 1.300 millones de euros, reembolsa a Morgan Stanley su préstamo por un total de 800 millones y le queda a la empresa familiar un beneficio, en apenas dos años, de 200 millones de euros. Bien jugado por Ángel y Javier, que siempre se han llevado bien con los distintos gobiernos de España, ya fuesen del PSOE o del PP, tal y como aparece en sus cuentas anuales y en la estructura de su Consejo. Lejos quedan ya los tiempos del beneficio que le proporcionaron al Emirato de Qatar, al comprarle el treinta por ciento que había invertido.
Con Ángel Simón al frente y José Vicente de los Mozos como CEO, Indra se prepara para una nueva negociación con EM&E, de cara a completar el objetivo que se marcó el Gobierno de Pedro Sánchez. Comprar todo, pagar en efectivo o en acciones, o con una mezcla de las dos fórmulas, es una operación cuyo resultado favorecerá a los hermanos que consiguieron transformar un pequeño taller en una plataforma de tecnologías de la Defensa. Ese es el mérito de esfuerzo y visión de futuro que supieron convertir en realidad empresarial.