Un estudio internacional publicado en The Lancet Regional Health revela que los cambios climáticos y medioambientales aumentan el riesgo de leptospirosis en Europa. La investigación, liderada por el ISCIII, destaca cómo factores como el aumento de temperaturas y la reducción de la biodiversidad contribuyen a la propagación de esta zoonosis, tradicionalmente asociada a regiones tropicales. Se estima que la enfermedad podría expandirse geográficamente hacia el norte y centro de Europa debido al cambio climático. Los investigadores abogan por implementar estrategias proactivas en salud pública y sistemas de alerta temprana para mitigar este riesgo emergente.
Un estudio internacional, en el que participa el ISCIII y publicado en The Lancet Regional Health, ha revelado que los factores climáticos y medioambientales pueden incrementar el riesgo de leptospirosis en Europa. Este hallazgo destaca la influencia del cambio climático en la aparición de más casos de esta enfermedad zoonótica, que afecta tanto a humanos como a animales.
La leptospirosis es una enfermedad desatendida que se transmite principalmente a través del contacto con agua o terrenos contaminados por la orina de animales infectados, especialmente roedores. Sus síntomas incluyen fiebre y dolores musculares, pudiendo llegar a causar fallos hepáticos y renales en casos severos. Aunque tradicionalmente se ha observado en regiones tropicales, el estudio indica un aumento en su incidencia en diversas áreas europeas debido a las alteraciones climáticas.
Coordinada desde el Centro de Investigación de la Comisión Europea en Sevilla, esta investigación cuenta con la colaboración del Centro Nacional de Epidemiología y la Escuela Nacional de Sanidad del ISCIII. Las investigadoras Rosa Estévez Reboredo y María Blázquez Arroyo han sido parte fundamental del equipo, junto con investigadores del Centro Común de Investigación (JRC) y otras instituciones académicas.
Este análisis pionero combina datos epidemiológicos desde 2010 hasta 2023 con indicadores climáticos y medioambientales, permitiendo identificar factores críticos en la distribución futura de la enfermedad. Los resultados sugieren integrar modelos espaciales y temporales en los sistemas de alerta temprana para facilitar intervenciones más efectivas en salud pública.
El estudio concluye que el aumento de temperaturas y cambios ambientales asociados a mayor humedad incrementan el riesgo inmediato de leptospirosis. Este riesgo es particularmente elevado en regiones cálidas y densamente pobladas cercanas a costas, especialmente durante los meses finales del verano. Además, se establece una relación entre la reducción de biodiversidad y un mayor riesgo de transmisión.
A medida que avanza el cambio climático, se prevé que la distribución geográfica de la leptospirosis cambie significativamente. Regiones del norte y centro de Europa, históricamente menos afectadas por su clima frío, podrían volverse más propensas a brotes. En contraposición, algunas áreas del sur podrían experimentar descensos localizados debido al aumento de temperaturas extremas.
Finalmente, el estudio enfatiza que los países con sistemas sanitarios débiles son más vulnerables ante estas amenazas zoonóticas emergentes. La investigación resalta la urgencia por fortalecer las estrategias integradas que consideren salud humana, animal y ambiental para enfrentar eficazmente estos desafíos futuros.