Ni la subida de los combustibles y los alimentos, ni las amenazas de Trump, ni el horror de las guerras, ni las disputas entre los políticos, pueden con el deseo de los españoles por salir de vacaciones, por llenar los chiringuitos o por llenar sus depósitos de gasoil a precios estratosféricos. Seguramente es una de las “cualidades” de nuestros ciudadanos para mantener el crecimiento económico gastándose todo lo que tienen o más.
Los políticos españoles están a un paso de lograr que la abstención en las próximas elecciones generales se acerque al 50 por ciento y que solo vayan a votar los forofos de unos y otros partidos. Nadie se cree ya que Sánchez vaya a resolver el problema de la vivienda o a lo mejor es que a nadie le importa ya. Ni que lo vaya a hacer Feijóo si por fin logra entrar en La Moncloa. Van camino de ser un cero a la izquierda de la ciudadanía.
El verdadero motor de la economía no son ya las exportaciones, ni la producción industrial, sino el puro comercio que hace de España uno de los países con mayor consumismo del mundo sin importarnos que los precios subieran hace tres años por encima del 10 por ciento o que ahora el combustible para los automóviles se acerque o rebase los dos euros el litro.
Eso permite a los políticos dedicarse a sus diatribas sin miedo a que las calles se les llenen de gente manifestándose por el coste de la vivienda o de los alimentos. Nos hemos convertido en ciudadanos que no protestan por nada y que solo confiamos en nuestros propios recursos para salir adelante. Un camino a ninguna parte.