El aguante de los ministros y ministras de Pedro Sánchez están demostrando tanto aguante o más que su propio presidente, hasta tal punto que es lógico preguntarse si al elegirlos el líder socialista les pone como condiciòn el que se nieguen a dimitir pase lo que pase, como hace él mismo. El único caso, que sepamos, fue el del vicepresidente Pablo Iglesias para irse a tratar de desbancar a Ayuso en las autonómicas madrileñas, cosa que acabó en el principio del desastre para Podemos.
Es verdad que tampoco hay muchos casos de dimisiones en el seno de los gobiernos del PP pero eso es algo que normalmente se adjudica a la derecha, la sumisión al líder, y que en cambio choca contra la independencia personal que se creía que adornaba a los militantes de izquierda. Muchos han recordado ahora que el ministro de Interior, con Felipe González, Antonio Asunción dimitió en 1994 tras el escándalo de Luis Roldán a pesar de que no le había puesto él en el cargo de director general de la Guardia Civil, sino que había sido nombrado ocho años antes por Barrionuevo (Interior) y Narcís Serra (Defensa) y ratificado por José Luis Corcuera que le defendió a capa y espada hasta que se descubrieron todos sus enjuagues.
Que el juez Fernando Grande Marlaska ni siquiera se plantease marcharse a su casa tras la tragedia de la valla de Melilla el 24 de junio de 2022 con varias decenas de inmigrantes muertos ya resulta difícil de entender, pero seguramente eso hace que ya nadie espere que ahora lo haga por el escándalo de la violación de una agente a manos de director adjunto de la Policía Nacional, José Ángel González, a pesar de que lo más seguro es que sus problemas de “bragueta” –que todos conocían menos su ministro- se vaya complicando y acabe como el caso Roldán descubriendo otras facetas del interfecto.
Lo mismo ocurre con Oscar Puente, a quien desde su entrada en el Ministerio de Transportes (no sé por qué ha desaparecido lo de Obras Públicas o Fomento que son los títulos que le da el distribuir la mayor cantidad de fondos de los presupuestos generales entre las grandes empresas) de tal manera que desde su nombramiento no ha habido un solo mes en que su gestión no haya estado rodeada de controversias y mal funcionamiento de los trenes españoles, tanto en los Cercanías que son los más usados por los españoles, como en los de alta velocidad, hasta la tragedia de Adamuz con 45 muertos.
El único método que practica Sánchez para hacer dimitir a sus ministros es nombrarles candidatos a perder en las sucesivas elecciones autonómicas, como le ha ocurrido ahora a la ex portavoz del gobierno y ministra de Educación, Pilar Alegría, que cayó víctima de su derrota en Aragón. Ya veremos lo que le ocurre a la hooligan sanchista María Jesús Montero, que tendrá que dejar Hacienda para volver a Andalucía. Las más listas Nadia Calviño y Teresa Ribera que buscaron refugio en Europa.
Si hay que demuestra la inoperancia de la división de poderes es que la facultad que tiene, teóricamente el Congreso para “reprobar” la actuación del poder ejecutivo no tiene ni la más mínima incidencia en la vida política. Hasta siete veces ha sido reprobado Puente. El Ejecutivo manda y el Legislativo se aguanta como se ve también en el hecho de que un gobierno pueda actuar sin la aprobación de los Presupuestos