Convocó las elecciones en su tierra para desprenderse de la presión de Vox y, con permiso de Núñez Feijóo, volver a golpear al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez. Consiguió a medias lo segundo y fracasó en lo primero. Jorge Azcón tiene ahora dos escaños menos de los que tenía desde 2023 y dependerá del Vox de Nolasco si quiere mantenerse en el despacho de la Alfajerería. La derrota de la exministra y candidata socialista, Pilar Alegría, era un secreto a voces. Se ha quedado en el mismo suelo de votos y escaños que consiguió su compañero Lambán. Con eso se da por satisfecha. Las elecciones eran una prueba del desgaste del PSOE pero también de la capacidad del PP de gobernar en solitario y alejarse del Vox de Abascal.
Los ocho asientos que le separan a Azcón de la mayoría absoluta tan solo se los puede proporcionar Nolasco y, al igual que ocurre en Extremadura con María Guardiola, las exigencias de Santiago Abascal han aumentado. Si mantiene las dudas en ambos territorios y se producen las elecciones en Castilla y León con los mismos o parecidos resultados, se pondrá en entredicho la capacidad de liderazgo del propio Núñez Feijóo. Desde el Partido Popular se insistirá en que son los ganadores y los únicos que pueden liderar el Gobierno regional. Será verdad salvo que los pactos no lleguen por la dureza en la negociación de los puestos y las responsabilidades y tanto en Aragón como en Extremadura se tenga que ir de nuevo a las urnas.
Es el mejor ejemplo que podían tener las palabras de Felipe González y Alfonso Guerra cuando en 1996 el PP de José María Aznar se alzó con la victoria y tuvo que esperar dos meses a que Jordi Pujol - con intervención directa del Rey Juan Carlos - le apoyase en el debate de investidura desde la coalición de CiU: “amarga victoria, dulce derrota”. No ha sido nada dulce para Pilar Alegría pero el PSOE no pierde nada en Aragón. No gobernaba y seguirá sin gobernar, una estrategia que le puede salir bien a Pedro Sánchez más allá de los titulares de los medios de comunicación y las opiniones que se vierten en las tertulias.
Los seis escaños de la Chunta confirman que el moderado nacionalismo izquierdista de la histórica formación ha tenido un buen premio. Es lo poco que se salva de la debacle y permite recordar a la figura de José Antonio Labordeta, el político, escritor y cantautor mítico de la canción protesta, que permaneció durante ocho años en el Congreso de los diputados representando a su partido. Retrocede en su feudo de Teruel Tomás Guitarte. El resto, para olvidar a la espera de los siguientes comicios que les permita recuperar la confianza que han perdido en el electorado.
El desastre de la izquierda que representan Izquierda Unida, Movimiento Sumar y Podemos es total. Separados en sus listas, recogen el fruto de la división personal en la que han caído sus dirigentes. Apenas tendrrán un reprrsentante en el nuevo Parlamento aragonés. Si fueran consecuentes con lo que obtuvieron en Extremadura, lo que han logrado en Aragón y lo que, presumiblemente les espera en Castilla y León y en Andalucía, tanto Yolanda Dñiaz como Antonio Maillo y, sobre todo, el duo que forman Ione Belarra e Irene Montero dejarían sus cargos en sus formaciones y abrirían las puertas a otros compañeros. No lo harán y se lanzaran acusaciones mútuas sobre el fracaso y la división.