Lo que está ocurriendo en el PSOE con los dineros de las comisiones subterráneas que cobran los partidos de las grandes empresas se parece mucho a lo que pasó en la batalla entre Dolores de Cospedal, secretaria general del partido, e Ignacio González, que ocupaba el mismo cargo en el PP madrileño y cuando Mariano Rajoy entró en La Moncloa comenzaron a pelearse por los dineros que las constructoras principalmente dejaban en las arcas del PP nacional y que gestionaba el tesorero Luís Bárcenas. De aquella pelea saltó en 2013 el caso de la financiación irregular del partido entonces en el gobierno.
Cuando Santos Cerdán y José Luis Abalos logran llevar en volandas a Pedro Sánchez a La Moncloa, quieren acaparar los contratos con las grandes empresas por encima de los “lobbys” socialistas que venían trabajando desde la época de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y que habían monopolizado, con la ayuda de algún político del PP (el bipartidismo hace extraños compañeros de cama) ese tipo de negocios que dejan cuantiosos beneficios a los partidos para pagar sobresueldos a sus dirigentes y financiar las costosas campañas electorales.
El control que Ábalos y Cerdán realizaron desde el primer momento, el primero como secretario general y ministro de Transportes, responsable de la mayor parte de las inversiones del Estado, y el segundo como secretario de Organización Territorial, desde donde controlaba las inversiones realizadas en las autonomías, les permitió a esta trama partir desde una posición preferente frente a los lobbys tradicionales como el despacho que dirige José Blanco, ex ministro de Transportes de Zapatero.
De ahí que ahora la nueva estrategia de Ábalos, a través de su hijo Víctor, se haya concretado en señalar a Zapatero como el muñidor de todo el tinglado lobbista y cabeza de una trama que va más allá de las fronteras españolas, haia Venezuela y China, principalmente.
Si Nicolás Maduro prefería o no a Zapatero para mantener abiertas las relaciones con España, parece que la vicepresidenta Delcy Rodríguez tenía más predilección por José Luis Abalos, como demuestra que Sánchez le encargara a su secretario general resolver el grave problema diplomático que causó el aterrizaje “por sorpresa” de la dignataria venezolana en la madrugada del 19 al 20 de enero de 2020.
Y para demostrar la estrecha relación entre Abalos y la actual presidenta en funciones de Venezuela, tras el secuestro de Maduro, Víctor Ábalos ha contado que hace no mucho la propia Delcy Rodríguez estuvo de compras en Madrid, algo que suena a inverosímil pero que aventura nuevos capítulos de la historia de relaciones entre tramas españolas y dirigentes venezolanos. Unos capítulos serán inventados y otros verdaderos, como le ocurrió al PP con su financiación ilegal.