Descartadas las elecciones autonómicas, por el castigo que recibiría el PP en las urnas, a Feijóo solo le queda negociar y convencer al presidente de Vox de la necesidad mútua de cerrarle el paso a la previsible suma de votos y escaños que conseguirían el PSOE, Sumar y Compromís. Sobre esa base de interés común, la clave está en las exigencias que plantee Vox, que puede aspirar a ser primera fuerza dentro de la derecha y pedir la presidencia de la Generalitat, o al menos tener la vicepresidencia si se mantiene la diferencia de escaños que existe desde las elecciones autonómicas de mayo de 2023.
Los 40 asientos en el Parlament y 881.893 votos, que logró Carlos Mazón, si se produce la lógica y previsible caída en una cita electoral, están muy lejos del los 13 que logró el candidato de Vox, diferencia que está en la raíz de cualquier negociación entre Feijóo y Abascal. De los 99 escaños que tiene la Cámara autonómica, la derecha tiene 53, mientras que el centro izquierda de socialistas y Compromís suman 46, cifras que cambiaría de forma radical. Conclusión: ni al PP, ni a Vox les interesa la disolución del Parlament y dejar que sean los valencianos los que decidan a quién quieren al frente de un futuro Gobierno.
Queda la salida pactada de mantener la Legislatura con los cambios obligados por la dimisión de Mazón. En ese difícil equilibrio territorial, que se proyectaria a nivel nacional en las futuras elecciones generales, tanto la derecha como la izquierda se juegan una buena parte de su futuro, sobre todo porque en diciembre habrá comicios en Extremadura, con el PP como claro favorito, siempre apoyado por Vox; y en marzo y junio citas con las urnas en Castilla y León y Andalucía. Exigencias que pueden romper los análisis iniciales que sitúan al partido de Abascal como única fuerza que crece, por encima del resto, pero aún muy alejada del PP como para que Feijóo tema por su liderazgo.
Lo más probable es que en Valencia se acelere el proceso de sustitución de Mazón, que ha dimitido pero no se ha marchado del todo. Seguirá al frente de la Generalitat hasta que se acepte a Pérez-Llorca como su sustituto y él se mantenga como diputado de base y aforado, una situación personal ante la juez de Catarroja que va mucho más lejos que sus iniciales deseos de permanecer en el cargo durante los últimos doce meses.
Si Abascal y Feijóo llegan a un acuerdo, con cesiones mútuas, la derecha seguirá gobernando en la Comunidad valenciana hasta mayo de 2027 y en ese tiempo pueden y deben pasar muchas cosas en el ámbito político y judicial, que influirán en las urnas. Si las necesidades del presidente nacional del PP y las ambiciones del presidente de Vox no coinciden en el cortísimo plazo que tienen, la agonía política y personal de los implicados va a ser muy larga.