Lunes 22 de junio de 2015
A diferencia del Borges que admira, Jordi Sevilla no es ni silencioso, ni anarquista. Cinco años a la sombra de Pedro Solbes en dos Ministerios dan para más de dos tardes de economía. Valenciano y disidente del ordeno y mando acaba de entrar en el preludio de los sesenta haciendo correcciones al refranero popular: "el que se va, se queda sin silla", pues no. Lo utilizó Zapatero para darse un barniz de ciencia económica cuando España era la locomotora de Europa, y vuelve a la política de la mano de Sánchez para rehacer el programa económico del socialismo tras la crisis que nunca acaba. Deja la consultoría y se prepara para ser súper ministro si la cosa electoral acaba bien para el PSOE dentro de unos meses, con permiso de Iglesias o Rivera, monta tanto, tanto monta el tema de los pactos. Un gin-tonic en el que el liberalismo pone la ginebra y la socialdemocracia la soda. En las antípodas de la Grecia de Varoufakis. Ya peina canas y escribe de los dineros y la sociedad para que se entienda, lo que es de mucho agradecer.