Jueves 02 de octubre de 2014
El regreso de Cañizares
El cardenal, apodado en los feudos de Toledo “su menudencia”, por su escasa altura física, inversamente proporcional a la intelectual, quiere volver a España. Nunca se ha encontrado a gusto en Roma. No tiene vida social, y la política italiana le deja frío. Al cardenal le gusta la vida española, las disputas de la agenda de nuestra opinión pública. Y piensa que España se encuentra en una encrucijada, en un momento crítico en el que se debe intervenir, con discreción y diplomacia, en las cosas públicas. Al cardenal le preocupa que el Rey esté en un momento delicado, y está convencido de que su propia presencia en España podría contribuir a mejorar algunas cosas. Ya saben que el cardenal tiene muy buenas relaciones con los socialistas, a través de Zapatero y de Teresa Fernández de la Vega, con quienes mantiene buenas relaciones. Y está dispuesto a poner todo eso en su lado de la balanza para que el papa Francisco le envíe a Madrid cuando Rouco se jubile. Cañizares quiere volver, y Rajoy ya lo sabe.
Pantoja y cierra España
El esperpento lo tapa todo. No había necesidad de montar el espectáculo que organizó el juez, que más que vocación por la magistratura, la tiene por querer ser programador de Tele5. El juez convocó la lectura de la sentencia con un criterio mediático: transmitida en directo, y con la plaza cubierta por las grandes cadenas. No había nada más en el patio de monipodio. Pantoja salió entre insultos, zarandeos y ese politeísmo fetichista que lleva siempre a una masa de palurdos a la puerta de los juzgados para gritar entre aspavientos y descargar la furia irracional. El comportamiento del juez merece un aviso del Consejo General. No lo habrá porque en un justicia politizada, a nuestros dirigentes les viene bien disponer de un rato de entretenimiento para que el populacho se enfangue con la Pantoja y disfrute de la caída de la tonadillera.
Madina, primera liebre
Dicen que Madina quiere, y Rubalcaba contesta que no están en eso, que no toca elegir a su sucesor. Y sin embargo Alfredo parece prolongar la agonía con una sucesión de ideas peregrinas, improvisaciones y una debilidad de pensamiento que parece un hijo de la posmodernidad, cuando uno sabe que Rubalcaba es hijo de otras cosas ideológicas. Alfredo no quiere, y los críticos han empujado a Madina, que es un candidato ligero, como para que hagan con él un poco de combate y así pierdan fuerza los que se le van a oponer. A Madina le van a recordar muy pronto aquellas sus declaraciones en “La pelota vasca”, la película testimonial de Julio Medem, un director que piensa que el terrorismo es solo un conflicto en el que los que matan lo hacen con razones para hacerlo aunque el resultado sea incómodo. A Madina le van a dar duro, pero su nombre solo sirve para abrir el melón y para que otros como Emiliano Page, piense en cruzar el Tajo y entrar en Madrid por el parque del Oeste, hacia Ferraz.
Torres se desquita
Ha salido en tromba en las últimas semanas, como si hubiera pasado el primer tramo de su vida profesional encerrado entre cuatro paredes. El arquitecto Torres, el de las casas de la Finca, ese que es todo cristal y cemento, tiene muchas cuentas pendientes. La crisis le ha congelado algunos proyectos de repercusión mundial entre las grandes rentas, como uno que estaba listo para la República Dominicana, y que ahora los herederos de Cereceda quieren colocar entre inversores árabes, a ver si cuela, por aquella de la exclusividad con helipuerto que vendían junto al mar. A Torres le ha llegado la hora de volver a la humildad, y lo está haciendo bien, con algún cotilleo para atraer la atención, al tiempo que dice que lo suyo no es ser un genio, sino tan solo tener un talento creativo para el espacio, y saber, eso sí, lo que quieren los clientes con mejores cuentas corrientes del mercado nacional. Dicho lo cual, Torres debería empezar a guardar silencio, por su propio bien.
Trabajo de Rey
El gimnasio ha sido el trabajo de don Juan Carlos durante el último mes y medio. Mientras la opinión pública tomaba posiciones a favor de una abdicación, el Rey se castigaba los abdominales. Un Rey con bíceps de hierro para sostener las muletas, es un monarca de larga duración. Ya lo dice su hijo: “no hay abdicación y ni se plantea la renuncia”. Muy bien, tomamos nota. Pero entre la clase política se empieza a extender la idea de que esta sería una buena legislatura para elaborar la ley orgánica que permita pasar de Juan Carlos a Felipe en vida de los dos, sin necesidad de que obre la naturaleza. La legislatura siguiente, dicen, será más complicada, porque los grandes partidos perderán poder a favor de los pequeños y con Izquierda Unida crecida, con Rosa Díez hipervitaminada, será más complicado llegar a un acuerdo. Cada vez que el Rey leía un artículo a favor de su renuncia cargaba un poco más las pesas para volver a la carga, para tener tiempo de reparar sus errores.
Jimmy se devalúa
Hablo de Giménez Arnau, que ha presentado a su nueva chica, y en el papel cuché le han pagado unos euros. Cuando Jimmy era alguien estas cosas no pasaban. Ahora ha cobrado doce billetes de los grandes, es decir 6.000 euros por darse una vuelta con su Sandra y hacerse unos retratos como si fueran robados. Jimmy hace comercio con estas cosas desde hace mucho tiempo. Una vez nos vimos en una terminal aérea. El iba acompañado de una tierna y ya voraz belleza. Jimmy era el gancho, la carnaza, el señuelo. Los fotógrafos que patrullan por la T4 saben que donde está Jimmy suele haber una ambiciosa candidata a los gran hermano, a los sálvame de luxe y otros productos de la televisión. “Yo hago un casting todos los veranos”, me dijo, “ y así elijo a la que va a pasar conmigo el mes de agosto. Cambio todos los años, yo no me aburro, y ellas se hacen famosas”. Quizá ahora Jimmy se ha vuelto a casar porque cada vez tiene que emplear más tiempo en convertir a la chica en una celebridad.
Domínguez y el narco
Ha vuelto. De la delincuencia lo más fácil es pasar a la delincuencia. Lo saben los italianos. Las Brigadas rojas se disolvieron en los años 80. Muchos de los terroristas y pistoleros que integraban sus filas se pasaron a la mafia y abrieron franquicias y delegaciones de los capos del sur. Al menos eran profesionales de la clandestinidad y del tráfico de armas. No les costó dar el salto. Michel Domínguez fue el compañero inseparable de banquillo de otro célebre policía: José Amedo. Este último suele frecuentar los bares de Pozuelo, y se le puede ver paseando por sus calles, con un porte chulesco, distante, displicente. Domínguez ha sido detenido por tráfico de drogas, y ha vuelto el Gal por un día, con su rastro de crímenes organizados desde las cloacas del poder, gobernado entonces por los socialistas.