Jueves 02 de octubre de 2014
Verdú y las hipotecas
Maribel luce piernas en la fachada de El Corte Inglés. Está muy bien puesta, con su falda de señorita de provincias y su atuendo correcto, sin estridencias. Algunos le han afeado su discurso en los Goya, y la señora, siempre con cara de muchacha, pasa estos días por el calvario de las redes sociales, donde la han puesto de chupa de dómine. Tan solo la defiende Lucía Echevarría, que escribe con esa gramática áspera, y le saca la cara a Maribel. Yo también quiero romper una lanza por la chica/anuncio. Creo que se puede anunciar hipotecas y subirse a la tribuna de los premios del cine y decir que nuestro sistema no está bien y tiene bastante de caduco. Eso lo piensa también quien no tiene un Goya en la mano. Lo que nos sorprende de los discursos de los premiados, es que ellos están perfectamente integrados en el sistema, y podían hacer mucho más por su reforma. Al fin y al cabo subir una noche a recoger un premio y dejar caer un par de comentarios sobre lo mal que están las cosas y lo malo que es el mundo es algo fácil, casi tan sencillo y agradable como ponerse un traje de Dior para ir de fiesta. Es algo así como ir en carroza y tirar unas monedas intelectuales a los pordioseros
Strauss Kahn y los animales
La caída de Dominique no tiene fondo. Siempre se puede ir más lejos, más profundo en las tinieblas. Ahora llega una señora que dice haber sido su amante y escribe un tomo en el que dice que, como hombre, Strauss Kahn es un desastre, pero como cerdo no tiene precio. Lo de cerdo no lo digo yo, lo dice la señora/amante, una especie de periodista de guerra, que es capaz de meterse en las trincheras para contar con un periodismo-verdad cómo es eso de pasarse por la piedra al que podría haber sido presidente de Francia de no ser por un desliz con una camarera de raza negra. Con este nuevo capítulo de las andanzas de Dominique el periodismo llega a una nueva cota de implicación, de sinceridad, y de indecencia. Venderá bien, sin duda, pero no deja de ser una cerdada.
Cayo Lara, hombre de moda
Lo dice la experiencia: en política no existe el carisma, sino la circunstancia, y el contexto ha hecho de Cayo Lara un hombre de moda, un tipo con suerte, que sube en las encuestas, no por méritos propios sino por deméritos ajenos. Cayo Lara, el hombre que vino de Argamasilla de Alba, con la única experiencia de haber sido alcalde de un villorrio, es el que más réditos recoge en las encuestas. Apenas sabe hablar, le faltan lo rudimentos de la retórica, ha leído lo justo, no tiene experiencia en gobierno alguno, pero ahí lo tienen, creciendo en intención de voto mientras el páramo se extiende por la clase política española, infectada de corrupción hasta el tuétano. Estos días le hemos visto en el congreso de CCOO, ese sindicato donde abuchean a los invitados y les llaman sinvergüenzas, que es una nueva forma de la hospitalidad y la cortesía. Cayo no se soñaba en una situación similar ni en la mejor de sus ensoñaciones, cuando firmaba edictos a la sombra de una higuera en Argamasilla. Que hoy sea el hombre de moda indica que la política española ha entrado en un delirio quijotesco.
Zarzalejos la lía
Hablo de José Antonio, el que dirigió el ABC. Federico Jiménez Losantos diría que fue el que lo arruinó, y Ansón, el del ABC de verdad, añadiría que fue solo un mal momento del periódico monárquico. Pues bien, el que fuera director del principal aliado mediático de la Corona ha salido en los digitales con la historia de que el Rey quiere abdicar, y que hay un plan para hacer el relevo y entregar el trono a su hijo, el Príncipe de Asturias. Dice Zarzalejos que hubo una reunión en la Zarzuela y que nadie le desmintió las historia, y por tanto él, que es aguerrido y chico del norte, se lanzó con todas las armas a la batalla. Luego Zarzuela lo desmintió. Zarzalejos tiene un problema de doble personalidad que yo puedo atestiguar. Lo digo porque en cierta ocasión tuve con él una reunión en la que me transmitió sus deseos de paz con González Ferrari, que era entonces director general de RTVE, y al día siguiente le atizó una primera página del ABC que lo dejó tiritando. Así que fueron dos distintos joseantonios: uno el que fue a Zarzuela a escuchar a un alto ejecutivo de la Casa, y otro el que escribió que el Rey quiere abdicar.
Iñaqui y el calvario
Vuelve el duque a bajar por la cuesta de los despropósitos, esa que lleva a los juzgados de Palma donde un juez le tiene que tomar declaración. En estas escenas de sábado que vienen muy bien para abrir los telediarios de fin de semana, siempre hay una chusma de protestantes profesionales con carteles ingeniosos sobre el sujeto que tiene que deponer ante el juez, y unos cuantos fotógrafos atentos al gesto, al tono de la piel y al envejecimiento del duque que parece haber sufrido una transformación hacia la tercera edad en cuestión de meses. El duque lleva la palma en la entrepierna. Eso lo sabemos por él, que firmaba con su arma enhiesta los correos electrónicos de Diego Torres. Uno piensa que este hombre se volvió loco por el dinero y los negocios fáciles, sin darse cuenta de que su principal negocio había sido enamorar a la infanta, y desposarse con ella. Con ese par de gestos ya tenía la vida resuelta, pero él se la quería ganar, la vida, por su cuenta., y demostrarle a la chica que podía llevarle un sueldo de princesa. El calvario de Iñaqui, el gólgota de Palma, es cuesta abajo y en pendiente, y el 23F, para decirle al Rey que lo que conquistó en una noche lo puede perder en un par de días.
Corina y la Corona
Iñaqui en los juzgados y Corinna en la prensa. Corinna y la Corona es el tema del fin de semana. La señora posa en la primera de El mundo, y da una entrevista que parece de cuestionario respondido en la distancia y con unas fotos de posado, hechas en estudio, bien iluminadas, con un maquillaje soberbio, regio, que diría un argentino. Corinna dice que ha hecho servicios especiales al Estado español, todos gratis, sin llevarse un euro del dinero público. Insinúa la señora que es una especie de espía, de Mata Hari nacional que abre puertas en el mercado exterior, que trabaja a las órdenes de lo más secreto de los servicios secretos. Y sin embargo en los círculos del mundo de los negocios se dice, desde hace tiempo, que ir de la mano de Corinna en países como Arabia Saudí es ir muerto, sin posibilidad alguna de que te den la concesión de un kiosco de pipas.
Bárcenas depone
Vuelve el espectáculo Bárcenas, con sus deposiciones caprichosas en sede judicial. Ya sabemos que mintió, que la letra de las cuentas era suya, que intentó forzar la escritura para distraer a los calígrafos. Bárcenas tiene mucha cara pero no la suficiente como para demostrar una doble personalidad. Y la fiscalía está dispuesta a exigir que le retiren el pasaporte. Eso terminará con el escandaloso ir y venir de este hombre, que tan pronto cena en un restaurante de lujo en Europa como se pone las botas para marcharse a esquiar a Canadá, como si no hubiera pistas más cerca, más asequibles. Al fin y al cabo en el esquí se puede pasar desapercibo, pero en la T4 te pillan sí o sí, y tenemos que soportar sus peinetas a la prensa. Todo es Bárcenas los días que este hombre entra y sale de casa, ese pisito de lujo que tiene el tesorero en lo mejor de Madrid.
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