Jueves 02 de octubre de 2014
El vía crucis de quien fuera uno de los alcaldes más emblemáticos y veteranos del PSOE, Pedro Castro, comienza y termina en una conjura política, la del “tomasismo”, primero para desalojarle de la alcaldía de Getafe, y segundo para borrar toda huella suya en el Ayuntamiento getafense, en el que, tras ser descabezado del liderazgo del socialismo local, permanece como concejal sin galones, o si se prefiere sin sitio en el despacho de este grupo municipal.
El golpe de gracia a la carrera política de Castro puede llegar vía judicial, verbigracia a una querella que el PP interpuso contra él por unas dudosas adjudicaciones de aparcamientos, cuando Aguirre se conjuraba para echar a un regidor que ejercía de martillo de herejes de su Gobierno.
Tras muchas idas y venidas en el juzgado, la denuncia, salvo en el caso de quien fuera concejala de Obras, la tomasista Cristina González, no próspero, pero como quien la sigue la consigue, los populares recurrieron logrando sentar ante el juez como imputados no sólo a Castro, sino también a los ex concejales de Hacienda y Urbanismo, David Castro y José Manuel Vázquez.
El actual alcalde del PP, Juan Soler, pretende dar el golpe de gracia al castrismo y a sus ramificaciones- concretamente la que representa Vázquez- y para ello ha solicitaba, en un gesto más gestual que otra cosa (de hecho su propuesta ha sido rechazada por el pleno municipal) la dimisión de todos los imputados en el “caso Aparcamiento”, con la curiosa salvedad de la concejala de IU, Sylvia Uyarra.
La jugada de Soler está clara, además de poner a sus contrincantes contra las cuerdas, siembra aún más si cabe la semilla de las sospecha en una agrupación socialista cada día más enfrentaada y en la que los afectados miran de soslayo y con recelo a su secretaria general, la también tomasista Sara Hernández, que de producirse finalmente una acusación formal contra Castro y Vázquez, despejaría de contrincantes el camino hacia su designación como candidata del PSOE en los próximos comicios municipales de 2015.
Pero el inicio del fin del veterano regidor comienza mucho antes de esta contienda judicial. El vía crucis de Castro arranca, sin lugar a dudas, en su sonado desencuentro con Tomás Gómez al convertirse en paladín, a instancias de Ferraz, de la candidatura de Trinidad Jiménez como oponente del ex alcalde de Parla en las elecciones a la secretario general del PSM.
De esos barros, y de los posteriores tiras y aflojas entre el Federal y el líder de los socialistas madrileños que convirtieron la alcaldía de Getafe en su particular campo de batalla, llegaron los lodos, en forma de sorpresiva “fuga” de votos, que apartaron a Castro de una alcaldía en la que llevaba instalado treinta años.
Perdido el poder, llegó la sublevación cantada de dos delfines: Sara Hernández, enfrentada abiertamente a Castro, y quien fuera concejal de Urbanismo y hasta entonces pupilo del ex regidor, José Manuel Vázquez, aliados coyunturales, como ahora se demuestra, para jubilar al representante de Rubalcaba en el PSOE local.
La bicefalia política Hernández-Vázquez, convertida una en secretaria general de los socialistas de Getafe y el otro en portavoz municipal, ha tardado poco en saltar por los aires, pues no en vano ambos querían aspirar a encabezar la candidatura del PSOE de Getafe en los comicios de 2015 o en su defecto, en el caso del ex concejal de Urbanismo, ser un poderoso número dos y hacer una candidatura al alimón.
Los desencuentros entre ambos son públicos y notorios en una agrupación más fragmentada que nunca, en la que otro ex concejal de Urbanismo del PSOE, Santos Vázquez, en tándem con el simanquista César Giner, juega a convertirse en el fiel de la balanza del poder local (este sector unido al castrismo, pero sin Castro, parece que suman más que la actual dirección.
Entre los opositores a Hernández en la agrupación socialistas se da a Vázquez como amortizado políticamente y se teme un posible procesamiento de Castro, algo que, en su opinión, dejaría prácticamente en estado comatoso al PSOE de Getafe, en el que reinaría, eso sí, ya sin oposición ninguna su actual secretaria general.