Jueves 02 de octubre de 2014
Es el hombre al que le crecían las sombras. Será secretario general, para continuar con el cumplimiento de los designios de Aguirre. Y quizá algún día sepamos quien ordenó espiarle en sus viajes por la América hispana, y los motivos que llevaron a ponerle un seguimiento estrecho y alguna escucha. ¿Eran los sabuesos de Rubalcaba o se trataba de una orden de alguien de su propio partido? La carrera de González a la vera de la presidenta ha despertado muchas envidias entre quienes se han sentido desplazados, preteridos, ignorados, y arrumbados en los trasteros del PP madrileño.
Entre tirios y troyanos han hecho de González una leyenda, y se afanan en convertir su perfil duro en un amasijo de moratones. Sobre González pesa esa amenaza de informes reservados que según el sindicato policial más próximo al socialismo saldrá a la luz cuando lo estimen oportuno los filtradores profesionales, maestros en el cálculo del tiempo y el alcance de los daños. Mientras solo sea una amenaza, González seguirá reforzado por una Aguirre que le necesita más que nunca. No como sucesor, sino como leal compañía para irse juntos el día de los adioses.
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