Jueves 02 de octubre de 2014
Viendo como se abrazaban tras la conquista de la Copa del Mundo el capitán del Real Madrid, Iker Casillas, y el capitán del Barcelona, Carlos Puyol, se explica en gran medida el éxito de la selección española. Si al talento indiscutible que tienen sus jugadores se suma el esfuerzo conjunto y la lucha por un mismo objetivo, dejando a un lado la rivalidad que mantienen el resto del año, nos encontramos con un verdadero equipo más que una suma de individualidades, una piña, que son capaces de conseguir cualquier reto por difícil que parezca.
El fútbol le debía una a España. No era normal que uno de los países en el que se vive con más pasión este deporte, no hubiera tenido hasta ahora la oportunidad de sumar su nombre al club de los ganadores del Mundial. Nos ha costado pero cuando lo hemos hecho ha sido a lo grande. En dos años, campeones de Europa y del mundo. Y además apostando por un estilo que todo el mundo admira. Porque igual de importante que ganar, es como se gana, el camino que se elige para coronar la cima. Nadie puede decir que sea injusto que España luzca ya una estrella en la camiseta. Todos, absolutamente todos los rivales que ha tenido la selección en el campeonato han salido pensando más en anular nuestras virtudes que en ellos mismos. Ese reconocimiento a la superioridad rival, ese miedo que nos han cogido, es uno de los mayores logros que ha conseguido este equipo en los últimos años.
Porque España no es sólo una máquina de crear juego. Lo más difícil en el fútbol es alcanzar el equilibrio. Y hasta eso lo tenemos. No es casualidad que hayamos superado las eliminatorias directas sin encajar ni un solo gol, y que sólo hayamos recibido dos en todo el campeonato y ambos de rebote. Si, es cierto que en más de una ocasión gracias a Casillas, pero es que tener al mejor portero del mundo en nuestras filas también forma parte del haber de esta selección. No cabe duda que el responsable de que esta maquinaria funcione así de bien es Del Bosque. No lo tenía nada fácil tras el triunfo del equipo que dirigió Luis en la Eurocopa, pero desde la coherencia y la modestia ha llevado a este grupo a lo más alto, siendo además un ejemplo de comportamiento del que muchos otros deberían aprender.
Cada día tengo más claro que lo que consigue el fútbol no lo logra casi nada más en este mundo. Algunos dirán que es muy triste que la sociedad sólo se movilice con asuntos como este, pero ¿cuántas cosas hay que puedan provocar una misma sensación de felicidad a tanta gente, al mismo tiempo? Ya se que los problemas del día a día no desaparecen, pero “que nos quiten lo bailao…” ¡Gracias, campeones! por regalarnos un día que no podremos olvidar jamás.
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