Ocho años después de mantener su cara de variados tonos de color hasta confluir en el morado de la II República, la izquierda española en general, y la madrileña en particular, vuelve a olvidarse de una de las mejores películas de Pedro Almodóvar. Lástima que en el homenaje que se hizo a Santiago Carrillo, organizado por Comisiones Obreras, no se proyectara el filme y se comentara después entre los asistentes, incluida la intervención desde Argentina de Baltasar Garzón. Puede que lo ocurrido después no hubiera discurrido por los mismos caminos. Nada es igual tras el evidente fracaso de sus propuestas y aún lo será menos si mantienen las distancias personales que les separan mientras coinciden en el fondo de las propuestas. Divididos para perder puede ser un buen eslogan o un mejor epitafio.
En un mes Juanma Moreno se convertirá en el delfín más fuerte de Alberto Núñez Feijóo, por encima de Isabel Díaz Ayuso, que será su gran rival si el actual presidente del PP no consigue llegar al gran sillón de La Moncloa. Andalucía es más importante que Madrid, por los escaños que lleva al Congreso y Moreno tiene una imagen con menos aristas que Ayuso.
El PCE habla de una"clarísima operación de blanqueo" de Juan Carlos I con la desclasificación de los documentos relativos al intento de golpe de Estado, mentras que Podemos dice que vuelva pero para ir a la "cárcel"
El líder del PP, que habló con Zarzuela antes de su pronunciamiento público, insta al Gobierno a "aclarar su postura"
Un leve respiro en los ataques personales y políticos entre los partidos y sus dirigentes. Apenas 48 horas, hasta el funeral y la visita de los Reyes, que han regresado de Atenas tras asistir al entierro de Irene de Grecia. Quedan cinco dias para las elecciones autonómicas en Aragón y las descalificaciones se volverán más agresivas, con el ministro Óscar Puente como principal objetivo por parte tanto del PP como de Vox. El resultado de las urnas está asegurado, salvo enorme sorpresa. Ganará el PP y el presidente Azcón seguirá en el cargo, con el apoyo indispensable de Alejandro Nolasco, el candidato de Vox.
Un leve respiro en los ataques personales y políticos entre los partidos y sus dirigentes. Apenas 48 horas, hasta el funeral y la visita de los Reyes, que han regresado de Atenas tras asistir al entierro de Irene de Grecia. Quedan cinco dias para las elecciones autonómicas en Aragón y las descalificaciones se vooverán más agresivas, con el ministro Óscar Puente como principal objetivo por parte tanto del PP como de Vox. El resultado de las urnas está asegurado, salvo enorme sorpresa. Ganará el PP y el presidente Azcón seguirá en el cargo, con el apoyo indispensable de Alejandro Nolasco, el candidato de Vox.
Hace 47 años los llamados “padres de la Constitución” redactaron nuestra Carta Magna con un ojo mirando a los cuarteles y otro a la II República. Todos los partidos que habían conseguido representación parlamentaria en las elecciones de 1977 se pusieron de acuerdo para sentar las bases de un texto que debía unir a los españoles en una meta común y evitar más golpes de estado y más dictaduras, ya fuese blandas, como la de los generales Primo de Rivera y Berenguer, o duras como la de Francisco Franco. Partieron de un principio básico e intocable, sore el que se construyó el resto: España sería una Monarquía parlamentaria o no sería, con el Rey como jefe de las Fuerzas Armadas, un “pequeño detalle” que parece que más de un político de hoy ha olvidado.
El próximo día 22 de noviembre se cumplirán los 50 años del regreso de la Monarquía a España, pero no de la Democracia. Para que eso sucediera tuvimos que esperar otros 19 meses, hasta que el 15 de junio de 1977 se celebraran las prmeras elecciones con presencia de todos los partidos, incluído el Partido Comunista que encabezaban Dolores Ibarruri, como presidenta, y Santiago Carrillo como Secretario General. Ese tiempo es el que empleó Juan Carlos I para comenzar a construir el futuro de una Monarquía parlamentaria y constitucional y de una Democracia liberal basada en un texto que votaron la mayoría de los españoles.
En una entrevista una semana antes de publicarse sus memorias justifica su exilio para no perjudicar a Felipe VI
Tras las elecciones municipales de 1979, fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid con el PCE y presidente de la Junta Municipal de Latina. Entre 1995 y 1999 fue concejal con Izquierda Unida
La izquierda marxista, ecológica y feminista que intentó sustituir al PSOE como referencia de la España del progreso frente a la derecha conservadora y reaccionaria ha fracasado. Esa es la realidad, por más vueltas que intenten darle los representantes de los veinte partidos, movimientos, agrupaciones electorales, nombres regionales y provinciales y un largo etcétera, que deja lo que quiso ser Podemos y luego Unidas Podemos en un cementerio de cadáveres, tanto personales como ideológicos.
Ellas se abrazan y sonríen a las cámaras pero su alejamiento es total. Las vicepresidentas no se aguantan pero el presidente necesita a las dos. Seguirán así el resto de la Legislatura, trufado el choque laboral y fiscal con los problemas judiciales de Ábalos, Koldo, Begoña y García Ortiz. El mundo y Europa se convulsionan por el nuevo reparto del poder global, Francia toma una ventaja posicional - la que buscaba Dànchex - y España vuelve a perder en su posición en el mundo.
Sauquillo, junto a Manuela Carmena y José María Mohedano, el 24 de enero de 1977 evitó ser víctima de la Matanza de Atocha al reunirse en otro local diferente al que fue asaltado por un grupo de extrema derecha
En 48 horas, las que van del 20 al 22 de noviembre de 1975, España pasó de ser una Dictadura a convertirse en una Monarquía. La democracia parlamentaria que conocemos hoy tardó 19 meses más en llegar, primero con unas elecciones generales, luego con un Refréndum para aprobar la nueva Constitución y, finalmente, para otras elecciones ya con la nueva Carta Magna como guía que ha llegado a nuestros días. La democracia no acabó con Francisco Franco, el Generalísimo murió en la cama de un hospital tras un largo proceso de deterioro físico. Tampoco regresaron las libertades en aquel mes de noviembre. Todo sucedió muy rápido, sin que los ciudadanos se dieran cuenta de la velocidad a la que iba el cambio.
Demasiadas derrotas sucesivas, demasiadas voluntades defraudadas, demasiadas venganzas personales, demasiadas restas bajo el pomposo e inútil nombre de Sumar han obligado a Yolanda Díaz a dejar su cargo de coordinadora de la coalición de pequeños partidos de la eterna y dividida izquierda que tuvo su origen en el PCE que regresó a la vida política española de la mano de Santiago Carrillo, primero, y Julio Anguita después, ya como Izquierda Unida. Nunca un nombre estuvo más en contradicción con su esencia interna. Yolanda, siempre vestida de blanco, tanto para anunciar sus intenciones de llegar a ser la primera presidenta de España como para anunciar su huída del cargo orgánico interno, pero, eso sí, sin renunciar a su puesto gubernamental de vicepresidenta.
Si la amnistía negociada y aprobada busca cerrar las heridas producidas en Cataluña por los partidos independentistas, en otro intento histórico de querer aprovechar las debilidades de un Gobierno para romper la unidad de España, el mayor de los pecados constitucionales que contempla la Carta Magna, con beneficios políticos, económicos y sociales para sus protagonistas, el Rey Felipe VI, junto a los principales dirigentes de los partidos políticos, deben plantear que es jurídicamente un disparate y políticamente un error mantener a Juan Carlos I en el exilio, por más dorado y confortable que sea. La “generosidad” política, de ser verdad en su fondo, tiene en el padre del Rey la mejor de las pruebas.
El nuevo líder de Izquierda Unida y sustituto del ex ministro Alberto Garzón necesita que Izquierda Unida regrese a sus orígenes, que recupere el liderato dentro de la izquierda marxista que consiguió con Julio Anguita. De cordobés a cordobés, Antonio Maillo ha vencido a la ministra Sira Rego en la disputa interna. Este fin de semana tendrá que integrar en la dirección a los otros dos dirigentes que desean alejarse del Sumar de Yolanda Díaz. Los dos, tanto el madrileño Alvaro Aguilera como el más radical Antonio García Rubio son críticos con el proyecto de la actual vicepresidenta segunda del Gobierno. Creen que por ese camino, la izquierda que representan terminará absorbida por el PSOE de Pedro Sánchez.
Sira Rego, Antonio Maíllo, José Antonio García Rubio y Álvaro Aguilera presentan sus respectivas listas a los órganos de dirección
Almeida tilda la iniciativa de "estrambótica" y la atribuye a que Díaz "ha perdido un importante protagonismo político"
La Asamblea fundacional de Sumar, cargada de discursos tan altisonantes como vacíos, confirma que el proyecto de Yolanda Díaz es una Resta política para la izquierda que soñó en destronar al PSOE de la hegemonía de ese espacio sociológico de la vida pública española. Sólo votó un 11% de los supuestos “afiliados” al proyecto y la realidad, la cruel realidad para la vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez es que se ha convertido en una dirigente prescindible. Su base de poder, que se alimenta de los rescoldos de lo que fue Podemos, se circunscribe a los 10 diputados del Congreso que se dicen de Sumar.
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Esta iniciativa, organizada por familias y sindicatos, busca poner el foco en la "sobrecarga de trabajo", las "infraestructuras deficitarias" y la "ausencia de inversión suficiente"
El Coordinador Federal de Izquierda Unida ha conseguido lo que parecía un imposible hasta hace hace unas semanas, que toda la izquierda que se declara marxista se una en una única candidatura para afrontar las elecciones autonómicas de Andalucía. Los resultados de las urnas en Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha, más los malos pronósticos en los comicios del próximo 17 de mayo, son el mejor regalo que podía tener Antonio Maillo, el profesor de latín y miembro del Partido Comunista desde los años noventa del siglo pasado.
Si la otra izquierda que acompaña al PSOE desde 2023 se empeña en perder los 31 escaños que consiguió en las elecciones generales de 2023, que es muy posible que lo consiga, colocará a Pedro Sánchez ante dos caminos que sellarán su permanencia o su salida del palacio de La Moncloa: si ese andamiaje roto de Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y Podemos perdiera la mitad de la representación que ahora tiene en el Congreso (quince o dieciseis diputados), los socialistas tendrían que subir de 121 parlamentarios a no menos de 150, una cifra que hoy parace inalcanzable.
El presidente de Vox y sus dirigentes territoriales tienen que decidir si ayudan al Partido Popular de Feijóo a formar gobiernos autonómicos, tras las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, un compromiso que limitaría sus esperanzas electorales para los comicios generales del verano de 2027, o dejar que María Guardiola, Jorgez Azcón, Alfonso Fernández Mañueco y Juanma Moreno intenten gobernar en solitario o verse obligados a una nueva cita electoral. No se trata de conseguir Consejerías en los Ejecutivos autonómicos, para Santiago Abascal la decisión que tome condicionará su capacidad de ganar al Partido Popular.
Todo parece indicar que la vida política de la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz tiene los días contados y que no podrá llegar a las próximas elecciones ya que carece de un partido que le apoye y que algunos de sus aliados actuales, Izquierda Unida, Más Madrid, Catalunya En Comú o el Compromís valenciano, se lo estén pensando si merece la pena ir en compañía de Sumar, que no pudo formar candidatura en Extremadura por la oposición de Podemos.
La concentración ha ocupado casi una manzana de la calle Serrano
Asamblea en la que será proclamada coordinadora y que tendrá lugar el 15 y 16 de noviembre
Rivalizará con la de Carolina Cordero, candidata de la actual dirección de la formación y del PCE de cara a su próxima Asamblea Regional, que tendrá lugar el 15 y 16 de noviembre
Se trata de 108 personas (107 hombres y una mujer) que, al acabar la guerra, entre abril y noviembre de 1939, fueron sentenciadas a muerte por el tribunal militar de la plaza de esta localidad
El presidente de Andalucía, con las elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, no ha esperado a que las víctimas del cáncer y sus familias conviertan el final de su mandato en la piedra angular de la campaña electoral. Lo harán de todas las formas con el apoyo del resto de los grupos políticos, desde la multi izquierda que va de Sumar a Podemos hasta la derecha de Vox. La primera víctima ha sido la ya ex consejera de Salud, Rocío Hernandez, pero los cambios van a seguir en las próximas semanas. Juanma Moreno quiene mantener su mayoría absoluta de 58 escaños ( se puede permitir perder tres diputados y mantenerla ) y no tener que pactar el futuro gobierno con Manuel Gavira, que será el cabeza de lista de Vox.
Necesitan intentarlo por pura supervivencia. Si acuden por separado y cada uno con sus propias listas el resultado será catastrófico. No se fian de las intenciones del otro y si no se miraran al hombligo, ni defendieran sus posiciones personales, dejarían que fuesen otros los que lo intentaran. Un imposible. Tanto Irene Montero, como Antonio Maillo y sobre todo Yolanda Díaz desean tener o mantener una parte del poder. Por mínima que sea. Sin su colaboración, sin su ayuda para lograr una mayoría en el Congreso, la izquierda en general perderá en las urnas y perderá en el Congreso. Será el PP de Feijóo, en solitario o con ayuda del Vox de Abascal el que gobierne. Pura y dura matemática electoral.
Entre marzo y mayo de 2021 Pablo Iglesias dejó la vicepresidencia segunda del Gobierno presidido por Pedro Sánchez y la dirección de Podemos. Dos de sus grandes errores como político. En esos dos puestos dejó a Yolanda Díaz como heredera. Debió pensar que la entonces ministra de Trabajo, ex dirigente de la Izquierda gallega y militante del PCE era la persona indicada para mantener a la entonces Unidas Podemos como tercera fuerza política a nivel nacional. Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad no debió leer a los clásicos: el poder no se comparte y cada vez que ha existido un Triunvirato, uno de sus miembros ha matado a los otros dos. Yolanda Díaz no quiso que Ione Belarra e Irene Montero le fiscalizaran su futuro. Acabó con las dos y creó Sumar, primero un nombre, luego una coalición de partidos y formaciones de distinta envergadura y territorialidad, para intentar convertirlo en un único partido. Ella, la hoy vicepresidenta, también fracasó.
La iniciativa del presidente del Gobierno y Secretario general del PSOE de resucitar la memoria del franquismo, en lugar de la memoria democrática que comenzó a instalarse apenas 48 horas más tarde, ya ha colocado al hijo del principal responsable del regreso de la Democracia en tiempo récord, en una delicada situación institucional. Si Felipe VI acude el próximo día ocho al primero de esos actos, estará apoyando la iniciativa de la izquierda; si nova se presentará su figura en sentido contrario. Una crisis entre el papel de la Monarquía y de la presidencia del Gobierno, que no debería haberse puesto en marcha de la forma en la que se ha hecho.
Mantienen su hoja de ruta por encima de sus diferencias coyunturales y sus enfrentamientos personales. Les interesa volver al principio y eso es lo que les exigen desde la distancia de Bruselas y Washington, sus “amigos” de la derecha y la izquierda. El PSOE, con Sánchez o sin Sánchez, debe desprenderse de la molestia que tiene a su izquierda; y el PP, con Feijóo o sin Feijóo, de la molestia que tiene a su derecha.
Nunca fueron amigas y apenas se toleraban tanto en Podemos como en el Gobierno. A Irene Montero le oscurecía la presencia de su particular Pigmalión político y compañero de vida, Pablo Iglesias; a su adversaria, a Yolanda Díaz le quisieron controlar Alberto Garzón y Enrique Santiago. Les devoró a los dos de la misma forma que lo hacen las anacondas: primero les asfixian lentamente y luego los engullen. Tardan en digerir a sus presas, pero éstas no tienen salvación desde que los anillos del poderoso ofidio se van cerrando, en este caso sobre las ambiciones políticas de Alberto y Enrique.
En la larga lucha que se inició tras las elecciones de julio del año pasado tanto Alberto Núñez Feijóo como Pedro Sánchez saben que más importante que los escaños que conseguirán el PP y el PSOE en el Parlamento de Estrasburgo son las consecuencias que tendrán en la política nacional. Ninguno habla de lo que España quiere hacer y representar en Europa. Es una guerra de desgaste que sólo terminará cuando haya nuevas elecciones generales. Feijóo tiene prisa y Sánchez no se cansa de repetir que agotará la Legislatura pase lo que pase. Cada uno de los dos busca los aliados coyunturales que mejor les viene pero, rotas las antiguas líneas rojas, no parece que vaya a ver paz para los vencidos.
Logra la mayoría de la Coordinadora Federal que proclamará el domingo al coordinador federal que releva a Alberto Garzón
Un simple cambio en la ley electoral reduciría la tensión política y los problemas entre autonomías y entre partidos. La ley es injusta en la representación política y otorga, desde los inicios de la democracia, un exagerado beneficio a los partidos nacionalistas, en contra de las formaciones con presencia en toda España.
Los diez millones de españoles que viven en Euskadi y Cataluña, que hablan un mal español ( castellano ) y un aceptable vasco y catalán votarán en el próximo mes y medio por tener a 210 representantes de la soberanía popular de sus territorios en sus dos Parlamentos. pensarán que votan por sus señas de identidad, por unas mayores dosis de gobierno, por mejores servicios sociales, por más protección para los mayores, para más inversión en educación y sanidad. Es lo que les habrán dicho desde la derecha del PNV o Junts a la izquierda de Bildu o la Cup. Les estarán mintiendo, como llevan haciendo desde hace 40 años. No les descubrirán su verdad oculta: todos los votos independentistas son síntomas de dos graves enfermedades endémicas y difíciles de erradicar, el egoísmo y el rencor.
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