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Convierten la muerte de Maricarmen en naúsea social y triste munición electoral
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Convierten la muerte de Maricarmen en naúsea social y triste munición electoral

jueves 08 de octubre de 2026, 11:51h

Lejos de su casa y en la cama de un hospital, Maricarmen Abascal ha muerto a los quince días de sufrir su desahucio y provocar que el eterno problema de la vivienda se convierta en el punto de inflexión política que ha provocado un adelanto electoral y ha llenado de memes y declaraciones las redes sociales. A sus ochenta y siete años dejó un testamento oral en el que acusa de forma directa, y sin temblarle la voz, a los culpables del desamparo de todos los que viven bajo el miedo de perder su vivienda y una parte de sus vidas: Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Un resumen del poder político que, en bloque y con tiempo, no ha hecho nada por cambiar las leyes que rigen el mundo inmobiliario y su derivada en el mundo financiero.

Maricarmen ya es munición electoral y basta con hacer un viaje por los medios de comunicación y, sobre todo, por las redes sociales para darse cuenta de hasta qué punto la bajeza personal y partidista está inundando la vida pública. Demasiados buitres económicos que hacen negocio con los más pobres y demasiados buitres políticos que utilizan, y van a utilizar durante mes y medio, la muerte de una mujer para conseguir votos. Desde la izquierda, como una tabla de salvación frente al previsible desastre en las urnas. Desde la derecha y los adalides de una extrema derecha que ha cruzado todos los límites de la decencia y la verdad para intentar revertir esa inesperada tendencia y mantener el rumbo que la llevaba a la victoria.

Sentir náusea personal y social ante la muerte y su utilización partidista lo transformó Jean-Paul Sartre en una denuncia personal ante la presentida guerra europea que comenzaría a enterrar la Europa democrática, la que ahora vemos y vivimos. Conviene leer lo que escribió y reescribió durante siete años en los años treinta del siglo pasado. Pasó de Melancolía a La náusea, el título definitivo. La melancolía de Maricarmen tras 70 años viviendo en el mismo domicilio se ha convertido en náusea y se comprueba en las raíces de ese árbol social cuyas raíces democráticas y europeas se están pudriendo a la vista de todos tras emerger de la tierra, ya sea en España, en Ucrania o en Palestina. Regurgitar la ira interior de los ciudadanos que se sienten traicionados por los representantes que han elegido en las urnas es lo que estamos viendo en las plazas de nuestras ciudades y en las calles francesas y alemanas. Es la misma.

A Maricarmen la convirtieron en un símbolo antes de morir, no porque fuera la única en sufrir un desahucio, sino porque sirvió de punto de encuentro visible del malestar acumulado durante años y legislaturas. Ahora y hasta el 29 de noviembre van a pasear su cuerpo por los mítines y las llamadas al voto. A los dirigentes políticos que se juegan el poder y sus sillones deberíamos exigirles que dejaran en paz a Maricarmen y no imitaran a Juana, la reina a la que no dejaron reinar, mientras recorría las tierras de Castilla trasladando el cadáver de su marido, Felipe I, de Burgos a Granada, con parada en la Torquemada palentina para dar a luz a su hija Catalina, la misma que llegaría a ser reina y regente de Portugal. Una forma de hacer política para evitar que su padre Fernando y su hijo Carlos la utilizaran. Resistió y la encerraron en el castillo de Tordesillas hasta su muerte, casi medio siglo más tarde.

Lo que ocurra en las urnas el 29 de noviembre y en su después puede cambiar las leyes que han provocado el estallido popular. Casi trescientos mil desalojos al año son otros tantos golpes en la conciencia social de esta España a la que sus representantes políticos no dejan de zarandear cada cuatro años.