Lejos de su casa y en la cama de un hospital, Maricarmen Abascal ha muerto a los quince días de sufrir su desahucio y provocar que el eterno problema de la vivienda se convierta en el punto de inflexión política que ha provocado un adelanto electoral y ha llenado de memes y declaraciones las redes sociales. A sus ochenta y siete años dejó un testamento oral en el que acusa de forma directa, y sin temblarle la voz, a los culpables del desamparo de todos los que viven bajo el miedo de perder su vivienda y una parte de sus vidas: Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida. Un resumen del poder político que, en bloque y con tiempo, no ha hecho nada por cambiar las leyes que rigen el mundo inmobiliario y su derivada en el mundo financiero.