Desde la aceptación de que el cambio climático es una realidad que ha cambiado las condiciones de vida en todo el mundo, que sería la primera de las razones que explicarían la intensidad de propagación y la virulencia de los incendios, Pérez Rodríguez explicó las otras tres razones que dependen de la actividad política y de las normas y reglas que encorsetan la actividad agropecuaria, por un lado, y aceptan como verdades inmutables las proclamas ecologistas, con sus correspondientes corolarios de normas y leyes que burocratizan y entorpecen actividades agrícolas y ganaderas de forma directa.
Hasta los años setenta —explica el ingeniero agrónomo— existía en España una clara división del campo en tres zonas que hacían más difícil la existencia de grandes fuegos y más fácil su extinción. La zona dedicada al bosque, que no era tan extensa y poblada como la actual y que permitía la tala de árboles y la creación de cortafuegos entre áreas arbóreas, en las que, además, pastaban animales como ovejas y vacas que ayudaban a eliminar la maleza acumulada durante el invierno.
La zona dedicada a la siembra y cosecha de cereales, que de una forma natural creaba distancias entre los bosques y mantenía a los pueblos con una actividad agrícola que sostenía la vida en ellos y evitaba su despoblamiento, creando esa “España vaciada” que convierte el campo en una zona semisalvaje en la que, junto a un mayor arbolado, crece una maraña de vegetación que sirve de base al nacimiento de los fuegos y a su rápida extensión.
Está la cuarta zona, más directamente implicada en la actividad humana en el último siglo: el rápido crecimiento de las grandes urbes y también de municipios mayores que, junto a la propia estructura del Estado, extrae recursos para sostener una gigantesca burocracia que se detrae de otras partidas presupuestarias. Es la política de los distintos partidos y sus dirigentes, que actúan dentro de una lógica electoralista de cuatro años y que tratan de evitar cualquier tipo de confrontación con colectivos muy dinámicos y activos, como los ecologistas, que logran imponer políticas normativas discutibles y que, en momentos como los actuales, desaparecen entre las sombras para volver a aparecer cuando desaparece el problema que han ayudado a crear, tal vez sin pretenderlo, pero que sirve para la confrontación política partidista entre derecha e izquierda en todos los países.
El cambio climático existe, sin duda, sin que podamos conocer hasta dónde llegará por la acción política, responsable por acción y omisión de las medidas que han solicitado desde hace años los máximos expertos científicos en el tema; pero es la falta de medidas adecuadas a la realidad del campo —que ha cambiado por el propio desarrollo tecnológico y ambiental— la que se repite cada año con la llegada del verano. Todos han tenido, y parece que seguirán teniendo, la plaga de los incendios como un mal aceptado y al que durante los inviernos no se pone remedio.