Con cuatro años y medio de condena, de los que solo cumplirá uno en servicios sociales, y con sus tres millones setecientos mil euros en los bolsillos, Víctor de Aldama dio, al salir de la sede del Tribunal Supremo, la clave final de la misma: que los que vienen detrás aprendan. Traducido para que todo el mundo lo entienda: si colaboras con la Justicia tienes premio, no entras en la cárcel y te puedes quedar con el dinero que has conseguido con la compra de mascarillas durante la pandemia del Covid.