En 1927, quien visitó la ciudad española fue el bisabuelo de Felipe VI, cuando en Marruecos no había rey y Mohamed V era el sultán. Alfonso XIII lo hizo vestido de militar, a diferencia de lo que hicieron después sus sucesores. Acababa de terminar una de las guerras territoriales que fueron dejando a España sin la mayor parte de sus posesiones en el norte de África.
Ver las imágenes de los Reyes rodeados de ciudadanos ceutíes, que viven entre tres culturas bien visibles y sin problemas, es una muy buena noticia, pero la Ceuta que ven no es la Ceuta real. Se han retirado los “pobres” de las calles, se han pintado las fachadas de los edificios, las verjas y los bancos, y se han llenado de flores y banderas nacionales. Todo ello es un claro mensaje político y constitucional a Marruecos, por un lado, y, por otro, a los partidos españoles como base de un futuro que habrá que defender con la colaboración de Europa. Ceuta, Melilla y los islotes que están entre las dos ciudades son la frontera sur de la UE, tan importante o más que las del este europeo.
Las imágenes de “Bienvenido, Mister Marshall”, una de las grandes películas de Luis García Berlanga, invitan a la reflexión. Después de las alegrías y las esperanzas, pasa la comitiva y queda la misma realidad. Espero que los dirigentes políticos de hoy no quieran convertir a Jesús Vivas en una copia de Pepe Isbert en su papel de don Pablo, el alcalde que se dirige a sus vecinos desde el balcón del Ayuntamiento para explicarles el futuro.