Pedro Sánchez ha repetido cien veces que no habrá supersábado electoral, pero las afirmaciones de hoy son las negaciones de mañana. La verdad política tiene una vida muy corta y la decisión final dependerá de lo que ocurra hasta el final de 2026 en los juzgados y en la tramitación del techo de gasto y de los anunciados Presupuestos Generales.
Sin mociones de censura ni de confianza, por más que se afanen desde el PP y desde Vox en insistir en ese deseo, con la complicidad “blanca” de Junts, lo peor que podría hacer el presidente del Gobierno es jugarse el sillón de La Moncloa antes de ver lo que ocurre en las comunidades autónomas y en los ayuntamientos el próximo 23 de mayo.
De la misma forma y con la misma aparente contundencia, el líder del PSOE insiste en que la actual legislatura llegará a su término cuando toque, el 23 de julio, dos meses más tarde de las renovaciones en autonomías y ayuntamientos. Comprobará si su partido mantiene los gobiernos de Navarra, Asturias y Castilla-La Mancha o los pierde; y si, de las once capitales de provincia que tienen alcaldes socialistas, aumenta o disminuye su número. También podrá comprobar el estado de las formaciones que existen a su izquierda y la disposición a pactar gobiernos de coalición, sobre todo en Cataluña, Euskadi y Galicia.
Podrá valorar los efectos de los pactos que han cerrado Núñez Feijóo y Santiago Abascal y la percepción de los votantes sobre los mismos. Para todo ello necesita el mayor tiempo posible, una razón muy sólida para esperar.
La otra salida que tiene Sánchez —siempre con un ojo en las decisiones de los juzgados y los tribunales— es hacer lo que ha dicho que no va a hacer: convertir el 23 de mayo en un gran referéndum nacional sobre su persona, por encima incluso de la opinión que tengan los ciudadanos acerca de sus presidentes regionales y sus alcaldes. No sería la primera vez que allí donde dijo que nunca lo haría, terminó haciéndolo.
Todo el proceso electoral interno del PSOE se pondrá en marcha a mediados de julio y puede durar hasta noviembre en la nominación de los futuros candidatos. En el último Comité Federal se aprobó el calendario, sin ninguna mención —como era lógico— al necesario proceso de candidaturas para el Congreso y el Senado. La solución a las muchas preguntas que se hacen en el seno del socialismo y en la oposición puede que tenga que esperar a comienzos del próximo año. En todos los juegos, desde las cartas a la ruleta, el todo o nada es el último farol o el gran triunfo frente al resto de jugadores.