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Las malas vitaminas de las encuestas para saciar el apetito de los dirigentes políticos
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Las malas vitaminas de las encuestas para saciar el apetito de los dirigentes políticos

lunes 16 de febrero de 2026, 11:56h


La dieta de la clase política, que viaja poco o nada por toda la geografía nacional y habla menos que escucha con los ciudadanos que se esfuerzan por mantener los ingresos necesarios para mantener a sus familias, para mantener la esperanza de una pensión, para poder afrontar el paro cuando ya se han cumplido los cincuenta años, para ver que la sanidad pública les atiende con garantías, para ver que sus hijos logran comprarse su primera casa, y que sus nietos tendrán una esperanza al enfrentarse con la avalancha tecnológica que le espera; esa dieta que consumen con regularidad los dirigentes de los partidos cada semana a base de concentrados vitamínicos de sondeos, no logra saciar su enorme apetito por el poder.

Las encuestas forman parte insustituible de la carta informativa. Es un clásico que obedece a los intereses culinarios de cada formación y a la experiencia en el oficio de los cocineros. Cada comensal cree que puede escoger entre una variedad de platos y se da cuenta de que todos tienen los mismos ingredientes; y que con una simple sartén o cazuela casera podrían lograr los mismos resultados.

El último de los sondeos publicados en uno de los medios que se consideran, ellos mismos, de derechas y liberal - por poner un ejemplo que tiene la misma virtud y los mismos defectos de los que llegarán a lo largo y ancho de todo el año, dada la suma de elecciones políticas de todo tipo que vamos a tener que soportar hasta que el presidente del Gobierno decida, por obligación constitucional o necesidad coyuntural, que la actual Legislatura ya ha cumplido con su recorrido - le otorga a la suma de las tres derechas (con nombre de dos), la que es más dura, la que es menos dura y la que busca parecerse a lo que dijeron sus padres fundadores hace medio siglo, nada menos que 206 escaños en el menor de los casos y 210 en la mejor de las situaciones.

A la izquierda le pone una dieta electoral dura de verdad: los socialistas se quedarán en los cien escaños, asiento arriba, asiento abajo, mientras que a los dispersos restos de la otra izquierda, que para el medio sigue llamándose extrema y no dura - que el matíz es importante para que vaya calando en el imaginario popular - apenas le concede un revuelto en el que todo se mezcla como si fuera ese plato que se condimenta con los restos del día anterior. Lo único que permanece estable para esos facultativos de la sociología patria son los escaños que lograrían los clásicos representantes de la Cataluña independentista, que serían trece, y del Euskadi de los dos colores, que se mantendrían en los once.

Faltos de vitaminas, faltos de proteínas y de carbohidratos los otros ciento veinte escaños se conseguirán en las luchas más tribales y pequeñas: uno o dos por Canarias, uno o dos por Valencia, uno o dos por Aragón, uno o dos por Galicia… diputado a diputado sacado del último resto. El menú del día frente a lo más exquisito de la cocina de mantel blanco y servicio de lujo. Y tengo que hacerme la misma pregunta de otras veces: ¿si esa es la dieta que van a ofrecer a los representantes del pueblo para que suban a las tribunas de fines de semana para levantar los ánimos de los suyos, vamos a ser capaces de ir a la cita con las urnas, con las papeletas de cada provincia como si fuera la lista de la compra?