Un día es Oriol Junqueras (ERC) el que afirma haber arrancado –así como suena- a Sánchez 5.000 millones de euros más para la financiación de Cataluña, cuando lo más lógico sea pensar que ese regalo ya lo habría hablado con el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que para eso es del propio partido del presidente. Es una forma de tratar de engañar a los catalanes haciéndoles creer que si no existiera su partido y más concretamente, el propio Junqueras, eso no se habría logrado nunca.
La propia secretaria general de Podemos, Ione Belarra, estalló en júbilo cuando Sánchez le dio la “merced” de regularizar a 500.000 inmigrantes que llevan muchos años en España esperando sus papeles. Al día siguiente de salir esta noticia, los medios de la Iglesia Católica saludaban la medida como un éxito propio por su colaboración, junto a otras 900 organizaciones, en la recogida de las 600.000 firmas con las que en 2023 se presentó la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que finalmente fue tomada en consideración el 9 de abril de 2024 en el Congreso de los Diputados por todos lo grupos menos Vox.
Ahora, Puigdemont trata de ponerse la medalla de haber logrado la reforma penal impulsada pactada con Sánchez para aumentar el castigo a la multirreincidencia, castigando con penas de cárcel a los delincuentes que si robaban bienes por valor de menos de 400 euros podían salir en libertad. La medida ha unido a PSOE, PP, VOX, Junts y PNV en la votación del Congreso, frente a los socios de Sánchez, Bildu, Sumar, Podemos, BNG y Compromís que también han formado piña, pero en contra.