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Concrete, señor Sánchez, concrete...

Por Fernando Jáuregui

Esto se está convirtiendo en una espiral perversa: Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE, tan activo a la hora de conseguir imágenes 'benéficas' de sí mismo -jugando al baloncesto en silla de ruedas, besando a señoras que asisten a la jornada de puertas abiertas en el Congreso--, pide la reforma de la Constitución. Y Mariano Rajoy, tan poco activo a la hora de hacer comunicación -cada vez tiene menos contacto con la gente de la calle: ¿no podría imitar un poco al expansivo Obama?--, pide al socialista que concrete su propuesta de modificación de la carta magna.

Y así llegamos a la jornada de hoy, ante una nueva recepción en la Cámara Baja -verán ustedes cómo la lista de presentes y ausentes es más o menos la misma de todos los años-conmemorando otro aniversario, treinta y seis años ya, de nuestra buena, eficaz, Constitución. Estoy de acuerdo con Sánchez, y con tantos otros, que reclaman cambios en alguna(s) parte(s) del texto. Estoy también de acuerdo con Rajoy y con otros portavoces del PP cuando le piden que concrete. Porque no basta con invocar la reforma constitucional como remedio para tantos males institucionales y territoriales: yo no estoy convencido, por ejemplo, de que los nacionalistas catalanes y vascos, para no hablar ya de los abiertamente secesionistas, acepten una estructura federal como solución a sus reivindicaciones.

Lo que ocurre, le diría yo al señor Rajoy -tarea inútil, puesto que presume de no leer los periódicos--, es que por alguna parte hay que empezar el gran debate nacional pendiente. Llámese algún tipo de federalismo -hay modalidades--, cambios en el Título VIII de la Constitución o introducción de alguna disposición adicional al texto fundamental, como sugiere algún especialista (Miguel Herrero de Miñón). Lo que, entiendo, no puede hacer un jefe del Ejecutivo, secundado por todos sus ministros y portavoces partidarios, es dejar exclusivamente en manos de la oposición la iniciativa de esta reforma. Entiendo que es una manera de aplazar cualquier posibilidad de introducir cambios en la Constitución en esta Legislatura, que ya empieza a declinar y en la que ya comienzan a caber muy pocas posibilidades de introducir verdaderas medidas regeneracionistas, llámense reforma de la Administración o legislación verdaderamente revolucionaria en cuanto a lucha contra la corrupción y por una nueva forma de hacer política.

Así que de acuerdo: concrete, señor Sánchez, concrete. Creo que ya comienza a estar en ello: no entiendo la argumentación de que el PSOE no presenta reformas concretas porque ello daría origen a nuevas controversias entre los partidos. ¿Cree el señor Sánchez que la creación de una subcomisión parlamentaria para propiciar la reforma de la Constitución aceleraría de verdad esa reforma? Más bien, me inclino a pensar todo lo contrario, aunque bienvenida sea esa subcomisión si, al menos, sirve para desbloquear eso que yo al comienzo llamaba 'espiral perversa'. Pero creo que el balón está, fundamentalmente, en el tejado del Gobierno: es quien mayor número de escaños tiene en el Parlamento quien debe lanzar propuestas concretas, indicando que sí, que hay una voluntad regeneracionista, de que algo se mueva de una vez en el romo secarral de la política española.

Así que, ante un nuevo aniversario de la Constitución, me parece que la mejor forma de homenajearla es concretar, por un lado, y acelerar, por otro, la reforma de tantos artículos como han quedado definitivamente desfasados. Y no me refiero solamente al Título referente a la regulación de las autonomías, claro está. La Constitución, hay que decirlo un año más, necesita una mano de pintura. Cada vez con mayor urgencia.
Concrete, señor Sánchez, concrete...