RODRIGUEZ ZAPATERO, JOSÉ LUIS.- Recordará la noche del 22 de mayo como la más amarga de su historia personal, aquella madrugada en la que tuvo que apurar el cáliz hasta las heces. Noqueado por un resultado que ha llevado a su partido hasta el fondo del abismo, su primera reacción fue resistir al frente del gobierno de la nación. Pero para eso tendrá que soportar tres grandes presiones: la que vendrá de una oposición fortalecida que reclama urnas, la que tendrá como foco el interior del partido, que le exige el último sacrificio personal, el de hacerse a un lado para evitar males todavía mayores, y la de los mercados. Pienso que la más intensa puede ser ésta última. Con un presidente dispuesto a seguir nueve mese más, el diferencial con el bono alemán se puede disparar hasta extremos que obligarían a una intervención europea en las cuentas de España. Si Rodríguez está dispuesto a pagar ese precio, España no lo está, y tampoco los socios europeos parecen dispuestos a pagar las cuentas de una frivolidad tan extremadamente irresponsable. Las elecciones de mayo se plantearon como un plebiscito. Rodríguez Zapatero quiso evitar esa dialéctica, pero al final fue inevitable. Su presencia en los mítines agravó la sensación de que seguía ahí, al frente del poder. Sus alusiones a los “bellacos” que creen que el gobierno de la nación ha recortado gastos sociales, no han hecho más que profundizar la sensación de que el presidente había perdido todo contacto con la realidad, y nos conducía al abismo, convencido de estar pilotando una nave hacia buen puerto. El resultado ha sentenciado que su ciclo ha terminado. Alargarlo sería prolongar una agonía, con efectos letales para su propio partido. Si Zapatero se niega a escuchar el “váyase”, puede convertir ese imperativo en una marea de odio para la marca socialista.
RAJOY BREY, Mariano.- Ha triunfado. El resultado avala su estrategia de pasar por el trance electoral sin pisar demasiados callos, sin dar miedo a la izquierda, con paso de buey, insistiendo en hablar de lo importante, que en este caso eran los cinco millones de parados, la situación económica, el futuro de las cuentas públicas y de las privadas. Claro que no todo son virtudes en esa forma de ser tan esquiva. Ponerse de perfil tiene sus riegos. Por ejemplo, la irrupción de la marca Bildu como caballo de Troya de los proterroristas. Era la oportunidad de que el Partido Popular en el País Vasco recogiera rentas de un voto que ha castigado a los socialistas en aquella comunidad. Sin embargo el PP no ha sabido, o no ha querido aprovechar esa circunstancia y sus concejales no tienen los números suficientes para ser fuerza decisiva. El otro pecado capital de Mariano se llama Asturias. Aquí le pudo la soberbia de no querer conceder a Álvarez Cascos la oportunidad que reclamaba y para la que contaba con una expectativa extraordinaria. A Mariano no le gusta tener cerca a gentes que estuvieron con Aznar. Poco a poco se fue deshaciendo de todos. Cascos ha sido el único que se ha resistido a la escoba de Rajoy. Y le ha ganado la partida. A partir de este mayo, Mariano insistirá en la convocatoria anticipada de elecciones. Será su único discurso. Sabe que su llegada a la Moncloa es ineludible. Por tanto se va a limitar a pedir una fecha para ese viaje.
GÓMEZ, TOMÁS.- Otro de los grandes árboles caídos en estas elecciones. Tomás Gómez ha demostrado que el de Simancas era un suelo frágil. Bastaba con encontrar un candidato que hiciera una campaña todavía peor, y en una circunstancia más adversa, para romperlo. Y Tomás lo ha conseguido. Su derrota tiene tintes de sátira, y en las tertulias se hacen muchos chistes con el hundimiento del socialismo madrileño. Es el riesgo, que alguna hemos señalado, de jugar a las metáforas y a las películas. Tomás se llamó Invictus e intentó aprovechar el pulso que le ganó a Zapatero. No se dio cuenta de que esa pírrica victoria no le aportaba nada porque ganar al secretario del partido era como pegar a un borracho. Planteó su campaña como una forma de decir no a una supuesta política de privatizaciones. Pero el electorado madrileño tenía otra percepción de los méritos del gobierno regional, y no escuchó nunca las propuestas positivas del Partido socialista de Madrid. Así las cosas, Invictus se cayó con toda la armadura. El famoso cartel de los cinco millones de parados era una película mucho más real que las producciones de Callao. La foto de Gómez y Zapatero riendo en una esquina de esa sábana roja colocada por los servicios de propaganda del Partido Popular formaba un mensaje que Tomás hizo todo lo posible por quitarse de encima. Era inútil. Los cinco millones tenían demasiado engrudo como para sacudirse su carga. Pasará cuatro años en la oposición, pero ahora sí, desde un escaño de la cámara de Vallecas.
COSPEDAL, MARÍA DOLORES- Era una de las apuestas de mayor riesgo. Si la Secretaria general del partido hubiera fracasado en Casilla la Mancha los daños colaterales habrían llegado hasta Génova 13. Venció y rompió la tradición que marcaba el otro lado del Tajo como un feudo socialista. Me lo decía una vez José Bono: “Castilla la Mancha es una región de derechas que vota al Partido Socialista, y si el PP consigue gobernar ya nos podemos despedir de ese poder durante décadas”. Otros fracasaron en el intento. ¿Recuerdan aquella tarea encargada a Adolfo Suárez (hijo)? A Bono le duró dos tardes. Pero esta vez el adversario a batir era Barreda, hombre crítico con Zapatero que hizo una campaña triste, de perfil bajo, de perdedor. Pidió que no le enviaran a ningún dirigente nacional de su partido, y le mandaron a Carmen Chacón, no se sabe si para fastidiarle un poco más. Al diablo se le ocurre poner en la agenda política castellana a una catalana con aires nacionalistas para pedir el voto para Barreda. Para más inri la señora se presentó en unos salones que se llaman Epílogo, y con eso parecía que todo estaba escrito, y que solo faltaba ponerle la palabra fin. Lo hizo Barreda la mañana del 22, cuando después de votar confesó que se había despertado tarareando aquella canción de Joan Manuel Serrat: “hoy puede ser un gran día”. Lo fue para Cospedal. Con la captura de Toledo, ha allanado un poco más el camino de Rajoy hacia la Moncloa.
AGUIRRE Y GIL DE BIEDMA, ESPERANZA.- No se dejen engañar por su rostro emocionado. Detrás de la dulce victoria hay un punto de amargura, un pellizco de decepción. Es cierto que ha revalidado su mayoría absoluta, que ha ampliado su ventaja, que goza de un margen de escaños abultado. Las cifras son apabullantes, pero fíjense en el porcentaje de votos. Los populares han caído más de dos puntos en la Comunidad, y algunos más en el Ayuntamiento. Es decir, que no es oro todo lo que reluce, y que Esperanza no está satisfecha, aunque se sienta feliz de haber repetido una mayoría que le deja el campo abierto para aplicar las políticas que han hecho de Madrid la locomotora de España, y la única Comunidad que crea empleo y crece desde hace más de un año. A Esperanza le gusta ganar, y no le apetece comprar que el porcentaje de su respaldo ha menguado. Los socialistas se han hundido y su voto ha ido hacia Izquierda Unida y hacia UPyD, que entra en el parlamento autonómico y en el salón de plenos del Ayuntamiento. La división de la izquierda ha fragmentado a su oposición, pero Aguirre sabe que se ha dejado porcentaje de voto debido a que algunos alcaldes de su partido aprovecharon los años de bonanza para hinchar sus cuentas particulares. Aunque fue la primera en reaccionar, la corrupción de la Gürtel le ha pasado factura, una pequeña factura, pero suficiente como para que ella haya leído el ligero descenso como un aviso.
DIEZ, ROSA.- Quería romper el bipartidismo y convertirse en Rosa bisagra, Rosa de España, pasionaria de las causas nacionales abandonas por la izquierda como ese orgullo de nación, y el igualitarismo territorial, y el discurso sin cálculos ni complejos contra los etarras y sus marcas blancas. Rosa ha dado un paso más, importante. Ella dice que han crecido y se han convertido en un partido con implantación nacional, pero ese es solo un estallido espumoso provocado por los buenos resultados de Madrid. Dicen que le ha podido beneficiar la crítica al sistema que hicieron en ese zoco de la Puerta del Sol. Es posible. Lo cierto es que han captado votos de los dos grandes, de los descontentos con el PP y de los decepcionados por el Partido Socialista. Y si sigue la tendencia es posible que en el futuro llegue el día en que sean llave de algún gobierno, y clave en algún ayuntamiento. Lo han conseguido en Getafe, donde anuncian que dejarán gobernar a la lista más votada y empujarán por tanto a Pedro Castro del sillón de alcalde. Para Rosa Díez siguen los años de prueba. El camino para ser bisagra será largo. España sigue siendo un país bipartidista, en esencia, aunque hoy tenga pinta de ser una nación monopartidista, casi toda vestida de azul. Menos Bildu, claro, esa otra herencia trágica que nos dejará Zapatero.
LARA, CAYO.- Y me queda Cayo Lara. Creo que es, en contra de lo que él mismo piensa, el gran derrotado del 22 de mayo. Todo apuntaba a un despegue sin precedentes de Izquierda Unida. Parecía que los tiempos les daban la razón, y que el Psoe había abandonado las políticas de izquierdas desde aquel mayo de 2010 cuando Zapatero anunció los recortes después de una noche sin dormir, como si hubiera visto la zarza ardiente que vio Moisés. Y sin embargo no. No ha recogido ni siquiera el voto de los indignados reunidos en Sol, y convocados por tantas plataformas. Ha subido en escaños y concejales, pero fíjense que IU pierde donde gobernaba: se deja la alcaldía de Córdoba, pierde en Sevilla y Jaén, y uno de sus alcaldes más señalados, el Manuel Fuentes de Seseña, pasa de siete concejales a dos, y abre el paso a la mayoría absoluta de los populares. Para hacérselo mirar. Si en esta circunstancia IU no ha subido más es que hay algo que no va en la coalición.