Lo único que puede retirar a Chacón de la carrera es que ella y su núcleo duro: Miguel Barroso, José Manuel Contreras, Antonio Garcia Ferreras; y los barones socialistas que le apoyan: José María Barreda, Guillermo Fernandez Vara, Tomás Gómez y una buena parte del cada vez más díscolo e independentista PSC, se convenzan de la inevitable derrota del PSOE en las generales y decidan que es mejor esperar y luchar por la secretaria general tras la debacle; siempre que José Luís Rodríguez Zapatero abandone el cargo y se convoque un Congreso Federal con todas las posibilidades abiertas. Esa posibilidad - si se les pregunta - no encuentra respuesta e incluso las personas más cercanas a la mujer que hasta ahora más ha protegido Zapatero creen que con ella al frente de la lista que peleará contra Mariano Rajoy, la victoria es posible. Algo que niegan a Rubalcaba y a cualquier otro candidato sorpresa que pueda surgir.
Entre la vieja guardia socialista, la que representan Felipe González y Alfonso Guerra y a la que cada vez se le hace menos caso, las ideas del futuro inmediato del PSOE están muy claras: creen que Rodríguez Zapatero se ha equivocado al anunciar antes de los comicios municipales y autonómicos su intención de no volver a presentarse; y que una vez hecho debería haber renunciado al mismo tiempo a la presidencia del Gobierno y a la secretaria general del partido y haber dejado a Pérez Rubalcaba en el sillón de mando, saltándose unas primarias que creen no producirán ningún rédito electoral y que tan sólo dividirán más al socialismo. Y como prueba de sus afirmaciones señalan las dificultades que siguen teniendo en sus autonomías de cara a las urnas los actuales presidentes de Castilla la Mancha y Extremadura; el duro conflicto interno que se vive en Andalucía; y las divisiones, enfrentamientos y amenazas que se han reproducido entre los dirigentes en Cataluña.
El actual ministro del Interior parte como favorito si al final hay más candidatos y la batalla interna se tiene que dirimir en un Congreso extraordinario, pero tiene muy presente lo que ocurrió con el hoy presidente del
Congreso y entonces presidente de Castilla la Mancha: José Bono tenía todo a su favor y no parecía que ningún rival pudiera hacerle sombra, pero llegaron los “jóvenes” de Nueva Via acaudillados por Rodríguez Zapatero y con José Blanco en la “rebotica” y nueve votos le convertirían cuatro años más tarde en presidente del Gobierno y en el primero que era capaz de ganar sin haber conocido previamente dos derrotas.
Si la batalla del PSOE por la candidatura electoral parece cosa de dos, la batalla por el liderazgo del socialismo español es mucho más complicada.
El partido está roto, no existen nombres que aglutinen a mayorías claras, los territorios, las autonomías se han impuesto al eje central y dependiendo de lo que ocurra, primero en los comicios del próximo 22 de mayo y más tarde en las elecciones generales, las alianzas y las ambiciones pueden deparar muchas sorpresas, dando la razón al canario López Aguilar.
Veamos rápidamente los equilibrios territoriales: en Andalucía, el gran cajón de votos y de militancia, una derrota y una pérdida del Gobierno llevaría a un cambio total al frente del partido en una lucha fratricida que ya ha empezado entre los seguidores de José Antonio Griñan y los que respaldan a Manuel Chaves. Algo parecido puede ocurrir en Extremadura entre los que ha ido colocando Fernández Vara en puestos de responsabilidad y los que añoran la figura de Rodríguez Ibarra. Y aún más dura puede ser la pugna en Castilla la Mancha si José María Barreda pierde esa autonomía emblemática: al día siguiente y con el actual alcalde Toledo a la cabeza, Emiliano García Page, que aparece en los sondeos mejor colocado que el inquilino del palacio de Fuensalida, los seguidores del ex presidente Bono no dudarán en pedir su renuncia al frente del partido.
En la Comunidad valenciana, los socialistas han asumido que van a cosechar una nueva derrota pese a los distintos escándalos que han azotado al PP, con el Gürtel en primera línea. Luna y los suyos tendrán que buscar nuevas alternativas tanto a nivel autonómico como municipal y esperar otro cuatro años si es que quieren recuperar el poder que ostentaron hace más de tres lustros. En esa tesitura se encuentran los socialistas castellano- leoneses, los murcianos y los de La Rioja, tres autonomías en las que las mayorías populares se suceden sin que aparezcan indicios de desgaste y de cambio. Las tres Federaciones del PSOE desde el ámbito regional y posiblemente con la intervención directa de la Ejecutiva Federal, tendrán que modificar muchas cosas para cambiar esa monótona realidad.
En Galicia el PSOE, pese a la aún reciente derrota ante el popular Núñez Feijóo, lo tiene mejor. No parece que vaya a perder algunas ciudades importantes en las que gobierna y la renovación que ha empezado tras la salida de Pérez Touriño les puede colocar de nuevo en posiciones de gobierno. Gobierno que detenta en Asturias y País Vasco y que puede mantener. En el caso de Euskadi por la simple razón de que no hay elecciones autonómicas y la labor que están haciendo desde el Ejecutivo de Patxi López es el mejor ejemplo de colaboración entre las dos grandes formaciones de cara a acabar con la lacra del terrorismo. Y en el caso de la región que hoy gobierna Alvarez Areces por la simple razón de que la candidatura de Francisco Alvarez Cascos ha partido a la derecha que lidera el alcalde de Oviedo, y eso puede llevar a los socialistas a negociar una futura coalición.
De las otras Federaciones territoriales o regionales del PSOE, con problemáticas tan distintas como las que existen entre Cantabria y las dos autonomías insulares, o entre Navarra y Cataluña, sobresale por sus siempre notables luchas internas la madrileña. En el hoy PSM ( la antigua FSM ) las heridas de la confrontación entre Tomás Gómez y Trinidad Jiménez no han desaparecido. Todo lo contrario. Gómez se ha posicionado al lado de Carme Chacón y pese a que espera la derrota ante Esperanza Aguirre sólo caer por debajo de los 30 escaños podría llevarle al abandono, y aún así es difícil que la red de seguridad que ha trenzado pueda hacerle caer frente a una Ejecutiva Federal casi sin poder real frente a las distintas baronías.
En la Comunidad madrileña la derrota de los socialistas puede ser histórica, perdiendo algunos de sus Ayuntamientos más emblemáticos, y alejando por otros cuatro años cualquier sueño de recuperar el poder que tuviera Joaquín Leguina. Del resultado del próximo 22 de mayo puede depender incluso que Gómez pase de apoyar a Chacón a postularse él mismo para el puesto de secretario general. Ya se vio hace una década que todo es posible y que la militancia del PSOE es capaz de votar contra la dirección a la menor oportunidad que se le presente.
Aseguraba el ministro y dirigente histórico Ramón Jaúregui que las elecciones primarias están en los Estatutos del PSOE y que son inevitables, salvo que aparezca un único candidato. Esa es la aspiración de los dirigentes más veteranos, con más experiencia y con más ganas de que Rubalcaba no tenga que pelear por un puesto para que el que aparece como gran favorito. Los que han lanzado la idea de un acuerdo entre éste y su principal rival, Chacón, sobre la base de dejar a la dirigente catalana la vía abierta del futuro no parecen contar con muchos seguidores. Y la aparición de nuevo de una “Tercera Vía” que sorprenda al socialismo congresual no está en la hoja de ruta de lo que puede ocurrir antes del verano.
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