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Frente a frente

jueves 02 de octubre de 2014, 12:47h

14/07/2010.- Nunca ha estado más solo el presidente del Gobierno y nunca ha estado más crecido y seguro de sí mismo el líder de la oposición. Rodríguez Zapatero y Rajoy van a protagonizar el Debate sobre el Estado de la Nación con dos visiones de España muy distintas y dos actitudes más radicalmente enfrentadas que nunca. Ninguno de los dos va a convencer al otro y ni siquiera va a convencer al resto de las fuerzas políticas. Será un diálogo de sordos en el que todas las posiciones ya están tomadas de antemano. No importa lo que el adversario diga, importa lo que cada uno piense, quiera y consiga transmitir a los ciudadanos. Y en eso tendrán ( tendremos ) una gran responsabilidad los medios de comunicación.

Ninguno de los políticos que va a subir a la tribuna de oradores lo va a hacer con la mente abierta a las propuestas que puedan hacerse o a los pactos que puedan negociarse de cara a eso que se llama el bien común de todos los españoles. Estamos de forma permanente en campaña electoral y se trata de vencer a casi cualquier precio, sea cual sea la formación de la que se trate. Si miramos al PSOE y sus variantes autonómicas veremos que su situación en caída libre le obliga a intentar frenar el descenso de cara a las elecciones del 2011 en municipios y autonomías y a buscar en la posible recuperación económica la victoria en las generales del 2012. Además, su líder, tiene la obligación de encabezar las listas e intentar que su posible salida del poder no sea por la puerta falsa de una dura derrota.

Si la vista la fijamos en el PP ocurre algo parecido pero con la distancia que dan las últimas encuestas: mientras los socialistas bajan en todos los niveles, los populares suben mes a mes y día a día. Rajoy se siente ganador y ya busca las relaciones con otros partidos de cara a una eventual investidura dentro de dos años o antes si se disolviesen las Cortes. El presidente del Partido Popular no cree que pueda ganar por mayoría absoluta y se está acercando a los mismos de siempre, a los convergentes catalanes y a los nacionalistas vascos, los dos partidos más próximos a su ideario económico y social. Sabe que las próximas elecciones son su última oportunidad para acceder a La Moncloa como jefe de gobierno. Lo sabe él y lo saben los que ocupan los cargos de responsabilidad en su partido.

En el resto ocurren cosas dispares pero que los unen en un objetivo común: el desgaste del gobierno y del partido que le apoya les sirve y les viene bien en sus aspiraciones. Le viene bien a una Izquierda Unida que puede “resucitar” gracias a las medidas anticrisis del Ejecutivo y la posición de los sindicatos. Le viene bien a unos alicaídos partidos nacionalistas radicales como Esquerra Republica y Bloque Nacionalista Gallego e incluso a otros como Eusko Alkartasuna o Nafarroa Bai. Y les viene mejor que bien a las dos grandes fuerzas de Cataluña y País Vasco que ven como de nuevo su “valor” parlamentario les puede devolver el poder que han perdido, más la parte de CiU que ya se ve gobernando tras las sucesivas meteduras de pata del tripartito catalán.

Lo más lamentable de la situación es que una vez más y ya son muchas los protagonistas de la política se van a enzarzar en sus luchas partidistas colocando sus intereses y ambiciones por encima de los intereses y esperanzas del común de los ciudadanos. Les faltará sentido del estado, grandeza de miras, espíritu de unidad, humildad frente a los adversarios, deseo de trabajar en equipo para superar las adversidades, coraje ante las dificultades, todo eso que un grupo de 23 jóvenes han demostrado que los españoles poseemos jugando al fútbol, ganando un Campeonato del mundo y transmitiendo lo mejor que España posee cuando tiene fe en sí misma y en su capacidad para vencer los retos que salen al paso, por más “leña” que de el rival ( los especuladores financieros y las agencias de rating ), y por más malo que sea el árbitro ( el Banco Central Europeo ).

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