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¿Por qué Varela aceptó su recusación?

Jueves 02 de octubre de 2014
La decisión del magistrado Luciano Varela de aceptar a trámite la recusación formulada por la defensa de Garzón –fundada en el hecho de haberse “convertido” en asesor de Manos Limpias y Falange Española, recomendándoles lo que tenían que cambiar de sus acusaciones para ser aceptadas- sorprendió a muchos de sus compañeros, cuando lo normal era haberse opuesto. Unos dicen que Varela ha cedido así a la gran presión mediática a que ha estado sometido, lo que indicaría ya una cierta debilidad por su parte a esta altura del proceso. Y otros creen que ha sido el presidente de la Sala Segunda del Supremo Saavedra el que le ha convencido de que lo hiciera sí, incluyendo en ese tiempo una fuerte discusión con otro magistrado del Supremo, Adolfo Prego, que quería defender a Varela.

Varela alega curiosamente que las recomendaciones hechas a Manos Limpias y a Falange para que reformaran sus acusaciones tenían el único objetivo de “ordenar el debate procesal para garantizar mejor el derecho de defensa del imputado” (sic).

De no haberlo hecho así, afirma el magistrado, las alternativas hubieran sido la expulsión del proceso de Falange y el mero mantenimiento del escrito de acusación de Manos Limpias, en sus propios términos, lo que a su entender hubiera sido contrario a la Ley del Poder Judicial que encarga a los jueces tutelar de forma efectiva permitiendo la subsanación de los errores antes que declarar la nulidad de los escritos.

La realidad, según otros juristas, es que si hubiera rechazado los escritos de acusación, lo más seguro es que a estas alturas ya no habría juicio contra Garzón, y si, por el contrario, hubiera aceptado los escritos presentados, tal como estaban redactados, la defensa del juez estrella hubiera tenido más argumentos para resolver a su favor, con lo que con su actuación a lo único que ha hecho ha sido expulsar a Falange, cuya presencia había alborotado a la opinión pública internacional, y ayudar a la otra acusación, la de Manos Limpias, para que su actuación sea más efectiva., lo que en opinión de la defensa de Garzón es simple y llanamente “tomar partido”.