OPINION

Lejos de la tormenta

Jueves 02 de octubre de 2014

03/05/2010.- Comienza mayo y me pilla fuera de España, igual que cuando acabó abril.
Llevo casi una semana lejos de las preocupaciones del dia a día, pateando calles de Viena, Budapest y Praga, comiendo y cenando con más frecuencia de la que acostumbro. Pero cuando viajas con amigos, la costumbre social del plato se convierte casi en una obligación. Leyendo poca prensa, salvo por Internet y con la sensación de que estoy en un mundo distinto y lejano.



Solo el Canal Internacional de TVE me acerca a ratos a las noticias de mi país y entonces descubro que de nada sirve poner kilómetros de por medio porque la realidad es tozuda y mis compatriotas insistentes.

Casi todo sigue igual y, por más que la propaganda insista, nada cambia.

En Viena casi todo es exquisito o al menos lo parece. Hay lujo en las piedras y lujo en su música.

En Budapest los guías te cuentan que su historia se resume en una sola palabra: tristeza, y aunque ya he estado en esta hermosa ciudad de hermosas mujeres varias veces, sigues constatando que han sido demasiados los ocupantes sucesivos de estas tierras magiares como para que sus habitantes hayan superado la sensación de provisionalidad con la que viven.

Praga es más alegre y bulliciosa, más turística, más cara, más monumental, más pateable y más caótica en sus enrevesadas calles que te conducen a donde ellas quieren y no a donde deseas ir.

Al final descubres que la historia de estas ciudades está trufada de estatuas, iglesias, cruces y monumentos que recuerdan que el Cristianismo, por más que se quiera discutir, forma parte de una huella histórica indeleble y, por lo tanto, de una cultura real que no se modifica a golpe de decreto.

El tiempo de desconexión de mi realidad más próxima se acaba y regreso a la realidad, me dirijo hacia la tormenta. En las próximas horas, aunque siga en Europa, me desayunaré cada día con la realidad de nuestra economía, nuestros líos judiciales y políticos y nuestra extraña convivencia. Menos mal que soy optimista y pienso que todo, a su tiempo, se irá arreglando.



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