OPINION

El polvorín griego

Jueves 02 de octubre de 2014

22/04/2010.- El viernes 26 de marzo, la gente se levantó en Atenas y en otras ciudades griegas con una preocupación que les atenaza desde que a principios de ese mes su Gobierno anunciara duras medidas: salir adelante en su vida cotidiana cuando su país se ve acosado por todas partes. Ellos no entienden de ataques especulativos a la economía griega ni comprenden que Europa, a la que pertenecen, mire a su tierra de reojo y presione también para que las pasen canutas.



Y, sin embargo, ese día algo había sucedido, algo que tampoco alcanzan a relacionar con lo que les pasa: la cotización de euro sube y los mercados de deuda internacionales parecen aliviados.
¿Qué es lo que ha ocurrido? Pues que la montaña ha parido un ratón y eso parece ser suficiente para esas fuerzas inaprensibles que operan en los mercados. Lo que ha pasado es que la incertidumbre sobre la posición de la Eurozona y, por ende, de la Unión Europea con especto a Grecia, ha desaparecido. Europa ha dicho que Grecia es uno de los nuestros y, de ser necesario, habrá ayuda.

En realidad eso ya se dijo el 11 de febrero, pero ahora, tras mes y medio de idas y venidas y una semana frenética (la que comenzó el día 15 de marzo con un rotundo fracaso de los ministros de la Eurozona para hallar una solución) ya hay algo concreto: si hace falta –siempre esa coletilla- Grecia recibirá el salvavidas del FMI (para frustración de muchos europeístas de pro) y de los Estados miembros en forma de préstamos bilaterales. Con qué poco se conforman esos entes de bondad que son los sacrosantos mercados.

La deuda pública griega alcanzó a finales del año 2009 los 300.000 millones de euros y, siempre según las estimaciones de las propias autoridades económicas helenas, sobrepasará en 2010 el 120 por ciento del PIB. Con esos terroríficos números, lo que Europa exige es que reduzca el déficit en no menos de 4 puntos en 2010 y lo sitúe del 12,7 actual al 2,8 antes de que finalice 2012. A medidados de febrero, el ministro de Finanzas griego, Yorgos Papaconstantinou, se movía de un lado a otro en los pasillos y en los despachos de Bruselas y explicaba a quien quisiera escucharle que "estamos intentando cambiar el rumbo del Titánic" Ya se sabe lo que pasó con el insumergible paquebote.

El primer test de valor se va a producir hacia finales de mayo: en ese instante, de nada servirán las declaraciones. Grecia deberá hacer frente a más de 15.000 millones de euros de golpe. ¿Podrá hacerlo por sus propios medios? Ni siquiera el Gobierno griego lo sabe. Pero si es incapaz, deberá activarse en acuerdo alcanzado in extremis el jueves 25; solo que deberá hacerse por unanimidad, o lo que es lo mismo, si Alemania quiere. Y aunque se ponga en marcha la ayuda, a lo sumo podrá suponer unos 30.000 millones en total porque el FMI no está dispuesto a sobrepasar los 10.000 que es el tercio al que el acuerdo le compromete.

En realidad y más allá de todos estos movimientos de difícil comprensión para los simples mortales, ya sean griegos, españoles, portugueses, alemanes, franceses, etc, Grecia ha puesto a Europa en un callejón sin salida. Si una ficha del dominó del euro se cae puede arrastrar al conjunto del sistema. De manera que no hay opciones: hay que salvar al socio del Peloponeso, sí o sí.

Y como no cabe aceptar un escenario de disolución, solo un milagro hará que la UE pueda centrarse en desarrollar la gran esperanza blanca, la Estrategia 2020, sin interferencias. En cuanto a los avances en la construcción política de Europa, con estos mimbres, cada día se aleja más.




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