22/04/2010.- Javier Arenas empezó el año 2010 frotándose las manos. Por primera vez las encuestas le daban una ventaja electoral alentadora sobre un novato Presidente de la Junta de Andalucía, Pepe Griñán, que aún no había mullido lo suficiente su asiento o, en lenguaje popular, aún no se había colocado como es debido para poner el huevo. La encuesta de la Confederación de Entidades para la Economía Social de Andalucía, era contundente: el PP-A ganaría las elecciones autonómicas andaluzas con el 41,9% de los votos, seis décimas por encima del PSOE-A que obtendría el 41,3%, de celebrarse las elecciones en el primer trimestre del año.
La euforia se adueñó de los populares porque, además, parecía que sus tesis negacionistas y ninguneadoras del Presidente estaban calando en el electorado. Era como si Javier Arenas se hubiese sacudido el cenizo de encima por arte de magia. Él quería dejar de ser el eterno derrotado en Andalucía, porque en tres ocasiones Manuel Chaves le ha dado un revolcón electoral y por fin, el electorado andaluz se estaba dando cuenta que ni el presidente Griñán estaba legitimado para presidir la Junta -tesis machaconamente repetida por el PP hasta la saciedad argumentando que Griñán no ha sido refrendado por los andaluces en las urnas- ni el proyecto socialista tiene futuro, está caduco y corrompido.
Poco duró la euforia de la derecha andaluza, porque la Universidad de Granada sacó, días después, otra encuesta que decía lo contrario. Además, varias voces en el mismo seno de la dirección del PP le recordaron al líder de Olvera que también había “ganado” días antes de sus anteriores derrotas y que menos lobos, Caperucita.
Uno de los principales retos de la militancia popular andaluza es sacudirse de encima el aire de señoritos metidos a la política que sobre todo campea en sus filas rurales, en donde precisamente se forja, convocatoria tras convocatoria, el triunfo electoral del PSOE. Además, está por ver que su táctica de negar todo lo que el gobierno propone o dispone sea eficaz a la hora de que el electorado se decante por una opción distinta a la oficialista. Quemadas opciones tranquilas como la de la eficiente Teófila Martinez, que otra vez se apunta como la próxima y casi eterna alcaldesa de Cádiz, y descartada rotundamente la opción del secretario general popular en Andalucía, Antonio Sanz, cabe preguntarse qué pasaría si Arenas vuelve a perder en la comunidad.
Al PP de esta comunidad le queda, además, lidiar con la salida al ruedo de Rosa Diez, que podría arrebatarle, llegado el momento, votos decisivos para arrinconar al PSOE contra las cuerdas. Todo parece indicar que los conservadores están optando por el andalucismo más sereno como refuerzo contra esta eventualidad. El reciente fichaje del anterior alcalde nacionalista de San Fernando (Cádiz), Antonio Moreno, parece que va en ese sentido. Porque no es previsible que los directores de juego populares se líen la manta a la cabeza y recurran a opciones de “izquierda” como serían rescatar al ex ministro de trabajo Manuel Pimentel o más conservadoras como la promoción de la alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña.
Todo se puede ir al traste si el caso Gurtel empieza a dar coletazos en Andalucía. Quizás las sinceras e inoportunas palabras de Arenas apoyando al ex - tesorero nacional de su partido, Luís Barcenas, y las primeras noticias de las ramificaciones andaluzas del entramado de financiación irregular del partido o de algunos de sus militantes más engolfados, parecen poner el jaque toda esta estrategia electoral. De momento, la anterior alcaldesa popular de Jerez, María José García Pelayo, que en principio repetiría candidatura, va a tener que responder a muchas preguntas sobre la firma de adjudicaciones, por procedimientos de urgencia y sin concurso ni publicidad, por valor de más de 200.000 euros a las empresas Easy Concept y Special Events, ambas investigadas por la Audiencia Nacional.