OPINION

La movilidad en Europa

Jueves 02 de octubre de 2014

22/04/2010.- El proyecto europeo de Cielo Único es una idea lanzada allá por 1999 y que ha estado durmiendo el sueño de los justos hasta que el rugido del volcán islandés de nombre irreproducible parece que la ha sacado del limbo de los proyectos eternamente aplazados.



En relación con la crisis que, al parecer, estamos terminando de pasar, hay toda clase de críticas: de las compañías aéreas por las pérdidas económicas que un -tal vez- exceso de celo de las autoridades (las estatales y Eurocontrol, para ser más precisos) les ha ocasionado; y de los usuarios por la falta de información y la lentitud en disponer alternativas.

No debemos perder el norte: la nube de cenizas no ha ocasionado catástrofe alguna, por más que la semántica lo admita todo. Catástrofes son lo de Haiti, Chile, China y otros tantos luctuosos acontecimientos con los que el planeta ha castigado este año a los indefensos mortales. Lo de la paralización de la navegación aérea y el colapso de los aeropuertos de medio mundo, es una molestia; una gran molestia, si se quiere, de graves consecuencias que también debería llevarnos a reflexionar cómo tenemos montada nuestra vida, aunque eso sea filosofía y tal cosa, en estos tiempos, no está de moda.

Las autoridades estatales y Eurocontrol han aplicado lo que los gestores de riesgos denominan el principio de precaución, una cosa, para entendernos, más radical que el principio de prevención, por cuanto el primero se construye sobre un riesgo incierto y poco definido pero muy grave si acaba produciendo consecuencias. En cristiano: no se ha caído ningún avión, pero de haberse actuado con menos cautelas, no es improbable que hubiera sucedido.

Cosa distinta es la lentitud en reaccionar de las autoridades estatales y las europeas ante el efecto de esas cautelas. Ahora habrá largas discusiones sobre si se debe compensar a los operadores aéreos, a los viajeros y hasta a la tienda de recuerdos de la esquina que dejó de ingresar porque los turistas no aparecieron. Y saldrán perdiendo los que pierden siempre.

Europa necesita un impulso en este ámbito ya. El proyecto de Cielo Único debe ser reactivado en la medida en que puede superar la fragmentación actual en el control del espacio aéreo, otorgando competencias a una instancia única. Claro que ese es el eterno problema de la construcción europea, porque los estados habrán de ceder parte de su soberanía en un asunto que afecta seriamente a la competitividad.

Y en todo caso, no sería suficiente. España ofreció hace unos días ser plataforma continental y transoceánica, poniendo a disposición no solo nuestra capacidad aeroportuaria como una especie de puente, sino movilizando los recursos de transporte por carretera y ferrocarril. Ha sido una oferta de circunstancias, de urgencia. Pero ha sido una buena idea aplaudida por el Parlamento Europeo, la Comisión y los países más afectados que nosotros, como el Reino Unido o Francia. Tal vez a algunos les haga pensar que sería apropiado pensar en cómo modernizar la red europea de ferrocarriles –en general segura y eficaz y menos sensible a contingencias que la aérea- y desarrollar una malla de interconexiones que mejoraría muy notablemente la movilidad en Europa.




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