1/3/2010.- El conjunto colegial consiguió una importantísima séptima victoria consecutiva en su feudo por 89-86 ante un Blancos de Rueda que nunca dio su brazo a torcer.
Jueves 02 de octubre de 2014
Asefa Estudiantes consiguió una importantísima séptima victoria consecutiva en su feudo ante un Blancos de Rueda Valladolid que nunca dio su brazo a torcer y que sólo en la prórroga, por el cansancio y las personales, sucumbió.
Van Lacke, imperial, fue fundamental para los castellanos mientras tuvo fuerzas, pero en los momentos decisivos llegó asfixiado.
La buena defensa del equipo vallisoletano y que el balón pareciera recubierto de pez cuando la posesión fue colegial, por las continuas pérdidas, amargó el inicio de partido a Asefa Estudiantes. La buena circulación de balón de los pucelanos y el equilibrio dentro-fuera impuesto por Van Lacke decidió las primeras ventajas para los castellanos.
El Asefa Estudiantes pareció incrédulo ante la situación. Nada salía y el marcador comenzó a mostrar síntomas preocupantes al alcanzar casi la decena de puntos de desventaja. La zona defensiva del Blancos de Rueda Valladolid, en el segundo cuarto, y un mayor empuje defensivo de los madrileños, comenzó a igualar el partido, que se fue al descanso con tres puntos de diferencia en contra de los locales.
Porfirio Fisac, entrenador del Blancos de Rueda Valladolid, demostró que su equipo sabe a lo que juega en cada momento. Jugadas claras y movimientos sencillos para que el balón llegue en ventaja a sus jugadores grandes, y circulaciones rápidas y pases extra para que los tiradores tengan franco el lanzamiento.
Y todo ello con un Federico Van Lacke que actúa como el mariscal de campo de una batalla, demostrando, además, una puntería letal. Por eso, al descanso, la mejor noticia para Asefa Estudiantes fue que se marchó a vestuarios perdiendo sólo por 3 puntos, lo que tras 8 triples de 13 intentos de su rival tiene su mérito.
El Asefa Estudiantes salió al tercer cuarto sabiendo lo que le esperaba y planteó una lucha más cuerpo a cuerpo, con una defensa más aguerrida y cercana al rival para intentar evitar que el equipo castellano doblara el balón. Lo consiguió a medias y el cuarto se desarrolló con mínimas ventajas alternativas.
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