Jueves 02 de octubre de 2014
Polémico, irregular, irascible...pero también capaz de hacer obras de arte como la que protagonizó en Riazor. Ese es Guti. Uno de los jugadores más geniales de los últimos años, de esos por los que merece la pena pagar una entrada, pero también uno de los ejemplos más evidentes de talento desaprovechado. Sus grandes virtudes le tendrían que haber llevado a ser una referencia internacional, indiscutible en su equipo y en la selección, y sin embargo, la realidad de su carrera ha sido bien distinta.
No deja de ser llamativo que teniendo Guti unas cualidades futbolísticas superiores a las de su compañero de quinta Raúl González Blanco, su trascendencia en la historia del club merengue y del fútbol nacional vaya a ser bastante menor. Eso demuestra que no basta con tener unas grandes condiciones para estar entre los mejores, sino que hace falta algo más. Por ejemplo, constancia en el trabajo y una ambición positiva. Y también tener a alguien que en momentos determinados le hubiera sabido llevar y que hubiera apostado firmemente por él. El propio Guti es el principal responsable de no haber alcanzado metas más altas a nivel individual pero creo que también en el Madrid tienen alguna responsabilidad en no haberle sacado más partido.
Hace unas semanas parecía que el de Torrejón estaba perdido para la causa pero afortunadamente da la impresión de que se ha vuelto a enganchar y eso es una gran noticia para el futuro del equipo blanco en esta temporada, porque un Guti motivado y con confianza puede ser un factor fundamental para mantener el pulso con el Barcelona. No parece ese el caso de Raúl, que tras su discreta actuación en La Coruña y ante la inminente vuelta de Higuain y Cristiano, parece abocado al banquillo.
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