Tomeu Ferrer | Jueves 02 de octubre de 2014
La operación Pretoria, puesta en marcha por el juez, Baltasar Garzón, ha tenido como efecto secundario romper una idea estereotipada de la vida política en el cinturón industrial de Barcelona. La instrucción judicial ha puesto de manifiesto la supuesta connivencia en miembros destacados del PSC y de CDC en actividades poco honorables.
También ha desvelado como incluso en poblaciones con grandes déficits la vida política acaba siendo secuestrada por sagas familiares.
El ahora ex alcalde de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz, es hijo del que también fue alcalde al final del franquismo. Por lo que ha trascendido los dos han gobernado la ciudad de forma personalista, el padre porqué no había democracia y el hijo porqué a pesar de haberla se parapetó en la mayoría absoluta del PSC para hacer y deshacer sin control.
Pero es que a Muñoz le precedió Manuela de Madre, que llegó a la alcaldía después de explotar a fondo el populismo más descarado y conseguir que su partido invirtiese millones en desbancar al primer alcalde de la democracia, Lluís Hernández, un cura obrero y comunista que terminó amargado ante el sitio a que fue sometido por los socialistas.
De Madre dejó la alcaldía a manos de Muñoz y ahora todo hace penar que a este le sucederá el esposo de la alcaldesa, Antoni Foguet, actual presidente de la Diputación de Barcelona: todo queda en familia.
A los ciudadanos de Santa Coloma, una de las ciudades con un urbanismo más degradado, no les cabe en la cabeza que incluso allí, en un entorno tan degradado, se especule y que haya quien se enriquezca a su costa. Y menos que en la trama se mezclen en un mejunje inesperado los que oficialmente eran adversarios y que frente al dinero se muestran más que amigos.