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Jaime de Marichalar pasea sus cuitas por París mientras le buscan un título

Jueves 02 de octubre de 2014
Un hombre solo, padre abnegado, leal y desinteresado, o un arribista que mide el pulso al mismísimo Rey Juan Carlos para garantizarse una serie de prebendas. Apunto de cumplirse los dos años de su “cese temporal de convivencia” con la infanta Elena y cuando la formalización del divorcio parece inminente ( se especula que todo quedará resuelto antes de Navidad), Jaime de Marichalar continúa batallando con su aparente soledad y toda suerte de rumores. Unos, sobre su vida personal y laboral, ésta última sujeta siempre a agoreros vaticinios. Otros, los que más le hieren según sus íntimos, aquellos que le retratan como un hombre con aires de grandeza, dispuesto a llevarse el correspondiente botín nobiliario, convertido casi en condición sine quanum, a cuenta de la disolución de su matrimonio.

Su entorno lo niega todo, asegurando que Marichalar tiene de sobra con la nobleza que acompaña su apellido, pero las especulaciones hablan y no paran de las muchas cábalas que hace estos días la Casa Real para ennoblecer al ex yerno, que dejará de ser duque de Lugo, título que detentará en exclusiva la hija del Rey, una vez se oficialice el divorcio.

Los confidenciales echan humo diseccionando las opciones nobiliarias que barajan los asesores del Rey, proclives, según parece, a ungir a Marichalar con un marquesado, con lo que le privarían de ser Grandeza de España. El título en cuestión haría referencia al Solar de Tejada, lugar situado en la Sierra de Carneros, La Rioja, donde hunden sus raíces la rama materna del duque, los Saenz de Tejada.

Los dimes y diretes sobre las leoninas condiciones del acuerdo de divorcio van más allá de la pelea nobiliaria, y estarían estrechamente ligadas al futuro profesional del todavía yerno real. Un panorama laboral que en los dos últimos años Marichalar ha visto desdibujarse a marchas forzadas.

Quienes antes le cortejaban para que formara parte de sus consejos de administración le han ido paulatinamente, eso sí con guante blanco, rebajándole de categoría y de proyección social, aunque de momento no han cortocircuitado su fuente de ingresos.

Su cese temporal de convivencia le ha costado por ahora al duque de Lugo la presidencia de la Fundación Axa Winterthur , aunque sigue ligado a la compañía como miembro de varias sociedades del grupo, y también le ha supuesto también el cese como miembro del consejo de administración de Cementos Portland, eso sí, Esther Koplowitz ha velado en este caso por que la economía de Marichalar no sufra ningún descalabro.

Para preservar los emolumentos del todavía marido de la infanta Elena, la dueña de FCC le ha convertido en consejero de una filial menor de Construcciones y Contratas: Waste Recycling Group, una pequeña empresa británica de residuos, en la que mantiene el mismo sueldo que tenía en Cementos Pórtland.

Las lenguas de doble filo dicen que Marichalar quiere blindar algunos de sus quehaceres laborales antes de romper la relación conyugal con la infanta, sobre todo su puesto de asesor en Credit Suisse Group en Madrid, compañía encargada de administrar grandes fortunas en la capital, que representa la mayor parte de los ingresos que percibe el duque.

Donde no es previsible que Jaime de Marichalar vaya a encontrar problemas para mantener su estatus en el holding del mercado del lujo de Bernard Arnautl, la primera fortuna de Francia. La relación del duque y el dueño de marcas como Louis Vutton, Dior o Donna Karan, van más allá del ámbito profesional, pues la familia Arnault, incluida la hija del magnate francés, se ha convertido en uno de los refugios y paño de lágrimas del aún marido de la hija del Rey, quien suele alojarse en su casa cuando viaja a París.

Los Arnault, Marisa de Borbón o Nati Abascal son de las pocas personas de la jet set que no han fallado a Marichalar una vez certificada la muerte de su unión conyugal. Ellos y sus hijos, Froilan y Victoria, han sido, según dicen, los principales agarraderos emocionales para un hombre que no sólo ha visto fracasar su matrimonio, si no también desvanecerse la relevancia social que tenía como miembro de la Primera Familia del país.

Una perdida de estatus que le ha supuesto, una vez abierta la veda, ser objeto de rumores envenenados como que su matrimonio había fracasado por su consumo de cocaína. Una bomba que fue plasmada negro sobre blanco por una conocida revista, contra la que el duque emprendió en su día acciones legales.