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El Papa Ratzinger en sus horas más bajas

Jueves 02 de octubre de 2014
Todos los expertos en el Vaticano le anuncian un futuro incierto y una difícil sucesión con una curia que no le comprende y que muchas veces le critica, que ha sumido a la Santa Sede en una crisis desconocida en tiempos de Juan Pablo II.

Todo son críticas contra Benedicto XVI, dentro y fuera de El Vaticano. Su cuarto año al frente del gobierno católico ha sido el de la gran crisis el del descontento en los palacios episcopales, el de las murmuraciones en la Curia, el de la Secretaría de Estado ninguneada, el de su oficina de prensa totalmente superada por los acontecimientos. Fue la hora de las conspiraciones, de la constatación de que s “primer ministro” Bertone no controlaba la situación, una situación agravada por la rebelión austriaca y el escándalo irrebatible de la vida del fundador de uno de los movimientos católicos más influyente, los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. La crisis empalmó con las reacciones virulentas contra su cuestionamiento de los preservativos. Todos los rebeldes levantaron la voz. Hans Küng se convirtió en un moderno Savonarola. Leonardo Boff intentó recuperar abiertamente la antigua rebeldía de la teología de la liberación. En una iniciativa sin precedentes en la historia eclesial, el Papa mandó una carta personal a sus obispos explicándose, quejándose, apelando a su ayuda. Fue la constatación de su debilidad y aislamiento.

Es un hecho bien probado a estas alturas, que en la Curia el giro “tradicional” de Benedicto XVI está siendo boicoteado, especialmente a niveles intermedios, a menudo –como en el ejército, los sargentos pintan más que los coroneles- más operativos que los mismos prefectos nombrados por el Papa. Sólo una congregación es totalmente papista, Doctrina de la Fe, porque ha sido el mismo Papa el que la ha modelado a su imagen y semejanza durante el largo cuarto de siglo en que la dirigió.