Jueves 02 de octubre de 2014
La política del optimismo que practica el inquilino de La Mon-cloa se ha convertido, asimis-mo, en la seña de identidad que acompaña en estos momentos al PSOE de Madrid y especialmente a su secre-tario general, Tomás Gómez, impasible ante los negros augurios en las urnas que se ciernen sobre su partido. Tan es así que frente a las encuestas que vaticinan el descenso electoral de los socialistas en la Comunidad de Madrid, su jefe de filas mantiene contra viento y marea estar en posesión de unos sondeos que vaticinan para su formación la pre-sidencia del gobierno madrileño tras los comicios autonómicos de 2011, dando por perdida ya la mayoría absoluta de la que disfruta en estos momentos Esperan-za Aguirre. Cierto es que la presidenta popular acusa un serio desgaste en las encuestas lanzadas este último mes por diversos medios de comunicación, en algunos casos llegando a perder hasta cinco puntos respecto a los últimos comicios, pero también lo es la cuesta abajo que se refleja en cuanto a intención de voto de los socialistas. Vienen a decir los son-deos que la línea de acción de Gómez, orquestada en dos direcciones: la primera en seguir remachando en el “caso Gürtel” (bien es verdad que es difícil sustraerse a él con el goteo diario de imputados y comparecientes en el juzgado); y la segunda, en amplificar las políticas y actuaciones de Zapatero en Madrid, no terminan de convencer al ciudadano de a pie. Ni al votante, ni tampoco a sus pro-pias filas, más propensas a creer que los malos augurios electorales son a día de hoy una cruda realidad. El optimismo del líder, por tanto, poco tiene que ver con el ambiente cargado de desasosiego que se respira entre los dirigentes del socialismo madrileño tras conocerse que el PSOE cosecharía en estos momentos peores resultados que los obtenidos por Rafael Simancas en las traumáticas elecciones de 2007. Eso sí, cara a la galería, ni una palabra de crítica hacia el jefe de filas, mascarón de proa de un partido que dicen logrará des-alojar al PP y a su “lideresa” de la Real Casa de Correos. De puertas a dentro es otro cantar. No sólo cunde el desánimo ante lo que se define como la imposibilidad de Gómez de ir más allá de altisonantes, pero esca-samente elaboradas, declaraciones polí-ticas.También se duelen, y mucho, del exce-sivo gusto del líder del PSM a las poses mediáticas en detrimento del trabajo de calle como futuro candidato a la presi-dencia regional.La puntilla, a los ya de por sí decaí-dos ánimos de los cuadros del PSM, la ha dado el augurio en forma de sondeo de un nuevo descalabro del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, en el que emer-ge como líder indiscutible de las siglas populares un Alberto Ruiz Gallardón, al que no parecen afectar ni los excesos de su gestión, ni las veleidades judiciales de su partido.Llama, sin embargo, la atención que pese a la dificultad que entraña para los socialistas acceder al fortín capitalino del PP, la caída del PSOE en cuanto a expectativa de voto no sea tan significa-tiva como la autonómica, lo que ha hecho que las miradas y dedos acusatorios lejos de centrarse en el portavoz municipal del Partido Socialista del Ayuntamiento madrileño, David Lucas, hayan señala-do, en petit comité eso sí, hacia Tomás Gómez, guarecido por el amplio para-guas monclovita. Los temores, no obstante, de ver-se arrastrados por los malos resultados electorales del líder están ahí y cobran cuerpo apunto de traspasar el Rubicón de la mitad de la legislatura. Incertidumbres y miedos que no sólo están motivados por el hecho de que Gómez no despegue políticamente, el devenir de la crisis es otro factor que está incidiendo de manera determinante en el desasosiego electoral que se respira en las filas socialistas.