Jueves 02 de octubre de 2014
Parecía el pleno del caso Gürtel, aunque no había previstas cuestiones relativas a este sumario judicial contra presun-tos empresarios golfos y políticos enganchados al dinero fácil. Más plumillas y fotógrafos que en otras sesiones plenarias esperaban la entrada de los tres parlamentarios del PP imputados, que llegaron a la sede parlamentaria de Vallecas, se dejaron hacer fotos y, silenciosos y circunspectos, se metieron en el hemiciclo. Los plumillas, a la espera de la llegada de la presidenta del PP de Madrid y del Gobierno regional, Esperanza Aguirre, querían saber las razones para mantener en los escaños a tres de los suyos metidos en marrones judiciales y suspendi-dos de militancia por sus presuntas aventuras con adinerados ansiosos de llenar más la buchaca. Parecía la noticia del día y, como ya es habi-tual, lo que debatían sus señorías no interesaba a nadie que no fueran las personas encargadas de tomar nota taquigráfica de los discursos de los parlamentarios. No fue así, porque en la puerta estaban manifestándose cientos de trabajadores de Iveco-Pegao, Arcelor Mittal y BP Solar, que reclamaban sus puestos de traba-jo, en peligro por los Expedientes de Regulación de Empleo. Y en la tribuna de invitados, una pequeña representación de estos empleados que temen ir al paro seguía lo que sucedía en el pleno parlamentario. Cuando tuvieron ocasión de hacer-lo, protestaron en público contra los EREs. Se llevaron la expulsión y la solidaridad de los parlamentarios de la oposición, que dejaron la sesión plenaria y salieron a la calle, que en esos momentos vivía una tensión contenida. Se produjeron algunos actos violentos totalmente reprocha-bles y cruces de acusaciones entre socialistas y populares, empeñados en apuntar al contrario la responsa-bilidad de que estos trabajadores se queden sin empleo. Para la socialista Maru Menén-dez, los incidentes se deben a pro-vocaciones de populares que dijeron que el PSM manipula a los afecta-dos por los EREs. Además, dijo, sin cortarse ni un pelo, que todo este lío tenía como finalidad tapar lo de los diputados imputados. El PP de David Pérez, temeroso de que los agitadores tomasen el Parlamento de Vallecas, se quejaba de que los trabajadores, llevados de la mano por los sindicatos UGT y CCOO, no protestan en las puertas del Pala-cio de La Moncloa, cuyo inquilino mayor, José Luis Rodríguez Zapa-tero, da de comer en la mano a las cúpulas sindicales amigas. Cuando se sustentan argumentos tan peregrinos para arremeter contra el contrario, sin más base que ‘no es de los nuestros’, se corre el peligro de olvidar lo prioritario, impedir que el paro llegue a estas empre-sas en crisis, para centrarse en lo banal: ¿a quién echamos la culpa? Los incidentes pueden llegar a los tribunales, que no podrán demos-trar que nadie maneja a nadie, y el desempleo a unos 2.000 empleados de empresas que quieren prescindir de ellos en busca de lugares más baratos. ¿Quién se acordará de ellos cuando sean unos pocos miles den-tro de una caja del paro con más de cuatro millones de supervivien-tes?.