Jueves 02 de octubre de 2014
La idea no es nueva, de hecho los alcaldes socialistas del Sur metropolitano vienen intentando hacer un frente común para canalizar sus demandas desde hace años, aunque sus intenciones, al menos hasta ahora, han naufragado siempre en las procelosas aguas de las rivalidades municipales y el prurito personal de querer contabilizar más logros que el vecino. Tan histórico es el deseo de unir los intereses de este conglomerado de municipios, por otra parte con raíces y problemas todos ellos muy similares, que los primeros posados fotográficos de este lobby de regidores se pierden en los lejanos tiempos en los que el hoy “maldito” (entiéndase que en las filas del PSOE) Joaquín Leguina se sentaba en la presidencia de la Comunidad de Madrid. Los nombres que acompañaron cada una de las fotografías de rigor, todos desaparecidos ya de la escena local (José Quintana o José Luís Pérez Raez, entre otros, salvo el veterano Pedro Castro), suponen un recorrido por los entresijos, las luces y las sombras del socialismo madrileño, en el que los alcaldes intentaron aunar sus dispares voluntades para poner en valor no tanto la efectividad de su gestión sino el peso que su cargo debía tener internamente en el partido que representaban, entonces FSM, poco proclive a darles chance político. Los intereses y los protagonistas son ahora otros, pero la intención viene a ser la misma: unirse para ganar en fortaleza, en este caso frente a Esperanza Aguirre. Para ello, la pasada semana los alcaldes del histórico cinturón rojo: Pinto, Parla, Fuenlabrada, Getafe, Leganés y Alcorcón, grupo al que se ha añadido Aranjuez, han resucitado una vez más de sus cenizas la alianza municipalista con un doble objetivo: blindarse políticamente ante el asedio popular, fortificando de paso su oposición al Gobierno autonómico; y, por otro, ejercer mayor presión sobre el Ejecutivo regional a la hora de plantear las necesidades y exigencias de sus municipios. El nuevo “lobby” de regidores tiene nombres propios que juegan un papel importante en otras instituciones y por tanto son pesos pesados de su partido a nivel regional: el de Alcorcón, Enrique Cascallana, ocupa un escaño en el Senado; el de Getafe, Pedro Castro, lo hace en la presidencia de la FEMP, mientras que el de Aranjuez, Jesús Dionisio, está al frente de la secretaria de Política Municipal del PSM, cargo que también ha detentado anteriormente el de Fuenlabrada, Manuel Robles. Situación más inestables, en su caso por problemas internos, es la del alcalde de Leganés, Rafael Gómez Montoya, o la del primer edil de Pinto, Juan José Martín, al frente de un gobierno tripartito sobre el que han caído y caen chuzos de punta desde que presentaron la moción de censura contra la ex alcaldesa del PP, Miriam Rabaneda.Un grupo, por tanto, heterogéneo pero, sin duda, también el más representativo del poder local del PSOE en Madrid, que tal se diría que se han visto abocados a hacer frente común ante la pasividad de su jefe de filas, Tomás Gómez, ante los ataques de que son objeto por parte de las filas del PP de Aguirre. Lo cierto es que Gómez no ha movido un dedo hasta ahora en defensa de sus regidores, pasando, en el mejor de los casos, de puntillas en las virulentas refriegas políticas entre PSOE y PP que desde hace meses tienen lugar en los municipios (claro que tampoco está poniendo orden a nivel interno en polvorines como el de Móstoles o Leganés). Un huir de las confrontaciones, sean éstas del tipo que fueren, íntimamente ligado a la estrategia del líder del PSM de transmitir una imagen de buen talante (en clara replica de Zapatero cuando alcanzó hace cinco años La Moncloa), además de para construirse un perfil de dirigente con altas miras políticas preparado para gobernar, y alejado del ruido de las escaramuzas partidistas, aunque con ello deje a los suyos poco menos que a merced del enemigo. Razones y más razones para que los alcaldes comiencen a hacer la guerra por su cuenta y vayan explicitando en unión y compañía sus demanda hacia el Gobierno de Aguirre, que son, por otra parte, absolutamente coincidentes, teniendo como prioridades la Sanidad y la Educación, centrándose esta última en el incremento de Escuelas Infantiles. Dos caballos de batalla del municipalismo socialista (también de Izquierda Unida), que han derivado en multitudinarias movilizaciones ciudadanas, sobre todo a nivel sanitario, donde la colaboración de los sindicatos ha puesto en más de un brete al consejero Juan José Güemes e incluso a Esperanza Aguirre. Las infraestructuras ocupan un orden menor en ese mapa reivindicativo, en el que los alcaldes aseguran que llevan trabajando desde que la presidenta madrileña presentó los Presupuestos regionales, unas cuentas que, según ellos, conllevan un descenso constatable de inversiones. Es, en cualquier caso, la primera puesta en escena de unos alcaldes decididos a plantar cara a Esperanza Aguirre en los dos próximos años que restan hasta las elecciones municipales y autonómicas. Una etapa que se vislumbra, de hecho ya lo está siendo, especialmente convulsa para todos los ayuntamientos, los grandes afectados de la batalla política PSOE-PP.