Jueves 02 de octubre de 2014
Los dos lo tenían claro. Tanto Rodríguez Zapatero como su segundo en el PSOE habían acordado la incorporación de éste al Gobierno a la primera oportunidad, siempre que la elección de Leire Pajín para la Secretaría de Organización del partido funcionara. Ha funcionado y José Blanco ya es el titular del gran Ministerio de gasto de este país, el de Fomento, desde el que tendrá que invertir por lo menos las mismas cantidades que se manejaron durante el primer trimestre del 2008. Y unos cuantos miles de millones más para combatir tanto el desempleo como los fallidos financieros de los grandes grupos constructores, los más afectados hasta ahora por la crisis. La única duda que mantuvieron los dos hasta el último minuto fue el cargo, a medio camino entre el que ostenta ya hoy Manuel Chaves de cara a negociar el gran recorte autonómico, con todas las dificultades que entraña y el peso político que exige, y el que finalmente ha obtenido el político gallego, la obra pública, la generadora de actividad en la construcción y la que se relaciona con los grandes grupos empresariales de España, aquellos que más mano de obra mueven y los que más puestos de trabajo pueden crear de forma inmediata. Blanco tiene a su favor que es más dialogante que Magdalena Alvarez, su antecesora en el puesto – nada más tomar posesión llamó a la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, para bajar el listón de enfrentamientos pese a los calificativos que se habían cruzado como “portavoces” partidistas – y no menos duro cuando de defender posiciones políticas se trata. Y va a contar con que los recortes presupuestarios impuestos por Pedro Solbes han desaparecido: si hay que invertir en obras se hará y parte de ese aumento de cara al déficit público se compensará con la reconversión autonómica. Desde Fomento se va a intentar cambiar el panorama económico con el visto bueno de la vicepresidenta Salgado y el pleno respaldo del Partido Socialista. Zapatero ha decidido que es la hora de la política más que la economía pura y ha apostado de forma clara por el partido y sus dirigentes. Sólo quedan los “independientes” para la Educación y la Cultura, con el I + D + i de la ministra Cristina Garmendia más recortado a favor de Miguel Sebastián. Éste y Blanco son los más próximos al presidente, y junto al jefe de gabinete de Zapatero, el incombustible José Enrique Serrano, los claros ganadores del cambio ministerial. A corto plazo José Blanco, como el resto del nuevo gabinete, es consciente de que el primer reto político tiene fecha fija, el 7 de junio, domingo en el que se celebrarán las elecciones europeas, comicios para los que el PSOE parte por detrás del PP de Mariano Rajoy con varios puntos de desventaja. Son conscientes y más él en su condición de vicesecretario del partido que es difícil que ganen a los populares, pero deben evitar una derrota abultada que sería interpretada por todos como unas primarias entre las dos grandes formaciones. Zapatero necesita ganar tiempo de cara a la salida de la crisis y ganar apoyos de cara a la negociación de los Presupuestos Generales del año próximo, con cambios de alianzas para asegurarse su paso por el Congreso y el Senado. Van a ser meses duros y años duros para el actual Ejecutivo y Blanco va a jugar un papel importante en esa “nueva velocidad” que se quiere imponer. Que acierte en las prioridades es una de las incógnitas que se despejarán con gran rapidez.
Lo que es seguro es que va a tener financiación para todos los proyectos que están estancados, desde autovías a ferrocarriles y aeropuertos, y que desde ese importante puesto de mando que es Fomento tendrá que coordinarse con los tres vicepresidentes. De Elena Salgado necesitará el dinero, las reformas fiscales y el apoyo a posibles “ventas” de activos estatales, de Chaves su apoyo en las negociaciones autonómicas y las transferencias que están en cartera, y de María Teresa Fernandez de la Vega el claro apoyo político ante el resto de Ministerios. El partido y sus necesidades se lo conoce a la perfección.
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