Jueves 02 de octubre de 2014
Me es indiferente para lo que voy a decir que el Alta Gestión Fuenlabrada consiga al final de la fase regular de la ACB meterse o no en los play-offs por el título. Es más, soy consciente que lo tiene muy difícil al tener un calendario mucho más complicado que su rival por ese objetivo, el Ricoh Manresa, en las tres jornadas que quedan, pero da igual porque la valoración va a ser la misma. Hay que quitarse el sombrero ante este equipo, que teniendo uno de los presupuestos más modestos de la liga, es capaz de cumplir sobradamente con la meta que le correspondía, que no era otra que la permanencia, e ilusionar además a sus seguidores con poder competir por el título con los mejores.
El verdadero mérito del club es reinventarse todos los años sin caer en la tentación de volverse locos gastando más de lo posible. Casi todas las temporadas pierde a alguno de sus puntales pero eso no impide que encuentren relevos de buen nivel. La historia se puede repetir otra vez dentro de unos meses, porque parece que el estadounidense Brad Oleson, una de las revelaciones del torneo, se va a ir al Real Madrid y veremos que ocurre con otros puntales, como Saúl Blanco, pero nadie del club se pone nervioso por ello.
Hay que darle además el mérito que se merece al técnico, Luis Guil, que se hizo cargo esta campaña de la plantilla con la difícil papeleta de mantener el listón que había dejado Luis Casimiro en su etapa y lo ha conseguido con creces, sabiendo explotar además las virtudes de su equipo, que ahora mismo es el cuarto máximo anotador de la liga. De esta forma han hecho disfrutar a una afición que es uno de los grandes activos de la entidad. Esta sí que se gana estar entre las mejores de la ACB cada año.