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El fuego de las Fallas

Jueves 02 de octubre de 2014
Qué duda cabe de que estos días festivos no han de ser los más felices que recuer-den quienes rigen la política en la Comu-nidad Valenciana. Veo la entrevista que un diario le hace al famoso ex sastre de Camps, que se llama José Tomás y se está haciendo más célebre que el torero, y sigo sin convencerme de las culpabilidades del presidente de la Generalitat, más allá de que sin duda debió afrontar las cosas con mayores dosis de valor y sinceridad.No seré yo, en todo caso, quien tire ni la primera ni ulteriores piedras sobre cabezas cuya culpabi-lidad no me consta. Ni la de Camps ni la de la ex mujer de un político corrupto, la vicesecretaria general del PP Ana Mato, a la que, simplemente por el hecho de haber estado casada con él y mili-tar con cargos en el mismo partido, le ha caído encima una lluvia de balas acusatorias que, en rea-lidad, no buscaban su cuerpo, sino el de su jefe, Mariano Rajoy. Sí me gustaría unir mi voz a la de todos aquellos que reclaman luz, taquígrafos y altavoces para que todo, todo, quede muy claro.Porque no me negará usted que claridad es lo que está faltando a chorros en los asuntos que, desde hace semanas, acaparan las portadas de todos los periódicos. Confieso que me ha produ-cido indignación la manera como se ha cerrado la comisión de investigación del espionaje sobre políticos del PP, apresuradamente clausurada en la Asamblea que controla Esperanza Aguirre. No faltan en la Comunidad madrileña voces que incluso nieguen que se haya producido tal espio-naje; pero, como ocurre con las meigas, haberlo lo ha habido, aunque a estas alturas no sepamos, aunque tengamos nuestras sospechas, ni quién lo puso en marcha ni para qué.Y lo mismo podría decirse de los últimos res-quicios de esa ‘operación Gürtel’ iniciada por el juez Garzón. Achacar a la evidentemente mala instrucción del magistrado ‘estrella’ todas las cul-pas no borra la existencia de una trama corrupta que, capitaneada por Francisco Correa, actua-ba en el entramado del Partido Popular tanto en Madrid como en Valencia, al menos. Para mí, lo más preocupante no es tanto la propia trama como la sensación de que desde el PP se quiere mirar hacia otro lado. El presidente del Partido Popular, que obviamente no se ha beneficiado para finan-ciar al partido de las actividades de los menta-dos (presuntos) golfos, tiene que hacer renacer su comisión de investigación interna, mostrarse implacable con aquellos que se demuestre que han incurrido en prácticas ilegales y pedir perdón por no haber ejercido a tiempo los controles ade-cuados. Mientras esa investigación no se ponga en marcha, mientras se siga considerando a los ciudadanos como menores de edad ante los que se pueden desplegar cortinas de humo y atibo-rrar a mentiras, al PP se le seguirán atragantando todas las sombras de sospecha que acumulan los ciudadanos.