Jueves 02 de octubre de 2014
Soborno que un político acepte la invitación de un constructor conocido para visitarle en su yate? ¿Lo es también que se obsequie con un reloj de medio millón de pesetas de entonces a un concejal de turno como felicitación por un evento familiar? ¿Deben evitar los políti-cos pasar un día de campo en unión y compa-ñía de promotores y constructores amigos? ¿Es reprobable que los empresarios, entre ellos los inmobiliarios, feliciten con regalos de postín la Navidad a presidentes autonómicos, alcaldes, ediles y fun-cionarios que son cuerpo del Estado, como Interventores o Secretarios?.Se dirá que todo depende de la valía del presente y que no es los mismo un Jaguar que una pluma de oro o un bolso de Loewe, y desde luego no lo es, si bien la intencionalidad que se presupone a cualquiera de ellos viene a ser la misma, aunque el nivel de las prebendas y concesiones sea significativamente menor en unos casos que en otros. Todo eso, y algunas cosas más, vienen formando parte desde tiempos ha del día a día de la vida política en la Comunidad de Madrid que, dicho sea de paso, no dista mucho de lo que ocurre en el resto de autonomías y ayuntamientos. (Digno es de men-cionar, por su carácter excepcional, aquel alcalde de Móstoles, socialista él y de nombre José Baigorri, que aseguraba que devolvía incluso los jamones que amablemente le enviaban, intuyendo que tal generosidad tarde o temprano le pasaría la correspondiente factura. Eso al menos era lo que decía).La realidad, se admita o no, es que los “detalles” y los aga-sajamientos han estado, y están, a la orden del día, aunque los políticos comiencen a tentarse la ropa ante este trasiego de regalos, como se está viendo envenenados, dado lo que está cayendo en la región de las estrellas y especialmente sobre sus ayuntamientos. El cáncer que ahora corroe la política, en el caso que nos ocu-pa municipal, tiene su origen en la tan traída y llevada finan-ciación de los partidos, que, se admita o no, encontró en la vida municipal un buen fondo para abastecer sus arcas y en los dirigentes locales una fiel e inmejorable correa trasmisora de ese flujo de dinero que ha servido para pagar mítines, campañas e infraestructura logística de todas, sin exceptuar ninguna, las formaciones del panorama institucional. A nadie debería habérsele escapado, sin embargo, que todo ello podría tener una peligrosa y humana derivada, la de que ante el trasiego de tanto emolumento algunos tuvieran la tenta-ción de dejar algo olvidado en sus bolsillos. Y en esas estamos, aunque la maquinaria de los partidos nunca reconocerá que tal o cual partida sirvió para una caravana electoral o para montar con relumbrón (tal parece que como lo hacía Correa) el mitin del líder de turno. Los únicos “paganinis” con o sin razones de esta historia, que no se sabe bien porque no termina de abordarse con luz y taquígrafos, son los alcal-des, en este caso los madrileños, sometidos a una auténtica caza de brujas cuyo final se desco-noce, pero que continúa sumando víctimas semanalmente. Una purga que está dejando “tocados” a no pocos ayuntamientos, que ven paralizada, o en el mejor de los casos ralenti-zada, su gestión en unos momentos de crisis económica en el que los problemas a solucio-nar en los municipios se multiplican. Los alcaldes del PP han sido los prime-ros en caer bajo el rodillo judicial, lo que ha causado preocupación no sólo en los corre-ligionarios de su partido, sino también en las filas socialistas, temerosas de que los populares reaccionen pagando con la misma moneda, roto como parece estar ya ese histórico pacto no escrito de no entrar en veleidades ajenas, vigente desde los primeros tiempos de la democracia. Una “entente” que se ha ido deshaciendo en las últimas legis-laturas hasta quedar hecha girones, aunque siguen existiendo intentos por parte de algunos prebostes (a qué sino el encuentro de Francisco Granados con un factótum del PSOE con cartera ministerial) de recomponer, forzados por las circunstancias, unos mínimos puentes de concordia para frenar la masacre municipal. El contraataque del PP ha marcado ayuntamientos como el de Pinto, Torrejón en la etapa en que fuera primera edil la actual secretaria de Organización del PSM, Trinidad Rollán, y no son pocos los intentos por cercar al regidor de Getafe, Pedro Cas-tro, quien en la última reunión de la Ejecutiva regional alertó una vez más de los peligros que entraña odoptar la postura del avestruz ante la estrategia de desestabilización y desgaste de los consistorios socialistas puesta en marcha por el PP.Castro pidió a Tomás Gómez y a los alcaldes socialistas una postura más beligerante y un frente común a la hora de responder a todos y cada uno de los ataques de Esperanza Aguirre, algo que en estos momentos no estaría ocurriendo, como demuestran las voces críticas que se escuchan en el entor-no del PSOE madrileño.
Lo cierto es que el temor se ha instalado a una y otra orilla del municipalismo, incluida IU, cuyos dos alcal-des más representativos: el de Rivas, José Masa, y el de San Fernando, Julio Setién, también se encuen-tran en los tribunales, bien es verdad que el primero por una cuestión menor como fue la contratación de unos autobuses para asistir a una concentración a favor de la Sanidad pública, algo que aseguran pagó la coalición, y el segundo por algo más peliagudo como son las supuestas irregularidades de una promoción de viviendas por las que el PP le acusa de prevari-cación, fraude y tráfico de influencias, entre otras lindezas. Todo ello dibuja un escenario de inquietud y sospecha sobre la política municipal, la gran perjudicada por un enfrentamiento a muerte entre los dos grandes partido, que esconde mucho más de lo que se ve en los tribunales. Fuera de foco, se trataría simplemEnte de desestabilizar al contrario frente a las citas electorales, la última de ellas las Europeas, y de camuflar entre el ruido judicial el ensordecedor clamor de la calle, que pide respuestas a unas cifras insufribles de parados y a un horizonte económico muy oscuro. Para acabar con tanta trama y escándalo, aparte de las seten-cias que se dicten en su día, sólo hay un camino; el de poner encima de la mesa del debate político la financiación de los partidos, lo que impediría que el dirigente corrupto se ampare en los favores prestados a sus siglas políticas.