Jueves 02 de octubre de 2014
Nada de agachar la cabeza, ni mucho menos dar la impresión de estar tocada por el escándalo de los supuestos espionajes de su Gobierno. Con sonrisa hierática y desafiante, Esperanza Aguirre esperó el pasado sábado a las puertas del Palacio de Congresos de Ifema a su jefe de filas, Mariano Rajoy, dispuesta para la pelea y a brindar explicaciones en primera persona sobre la presunta trama policial auspiciada por su consejero de Interior, Francisco Granados. Y a ello se entregó la presidenta de los populares madrileños desde que el líder de su partido descendió del coche hasta entrar en un anfiteatro puesto en pie para aplaudirla. Ovación que fue todo un bálsamo para la particular semana “horribilis” de la lideresa del PP, que a partir de ese momento relajó el gesto, permitiéndose, incluso, bromear con algunos dirigentes de su partido sobre sí a ellos les había o no espiado. El I Foro Abierto del PP comenzaba así trufado por un “affair” que no sólo ha situado a Aguirre en el ojo del huracán, sino que ha avivado la guerra intestina que corroe los cimientos del Partido Popular. Una especie de “duelo al sol” entre Esperanza Aguirre y Gallardón, que este fin de semana se adueñaba de todas y cada una de las escenas, las del anfiteatro y la de los pasillos, que se sucedieron a lo largo de la agitada mañana de este primer encuentro cibernáutico, en el que Mariano Rajoy parecía una vez más condenado a ejercer de secundario. Todas las miradas centradas sin excepción en cada uno de los gestos de los dos protagonistas de la jornada, Aguirre y Gallardón, que iban a encontrarse por primera vez frente a frente desde que se supo que los “espías” habían vigilado los pasos del vicealcalde capitalino, Manuel Cobo, y de que el alcalde señalara a la Comunidad de Madrid como origen del seguimiento. Y en esas estaban los presentes, presas del morbo y la expectación en partes iguales, cuando dio comienzo la gran representación teatral. Alberto Ruiz Gallardón, viva imagen de cortejador solícito, hacia ademanes de abandonar el asiento para saludar a la dama ofendida, Esperanza Aguirre que, aunque esquiva, cedió finalmente y besó a su rival, mientras éste susurraba palabras en su oído, ante la complaciente sonrisa de María Dolores de Cospedal y el mal disimulado hastío de Mariano Rajoy. Luego vendría aquello de “un saludo muy especial para la presidenta de Madrid…” y el “querido alcalde, y un saludo muy especial también para él…” en los discursos de uno y otro, que poco más tuvieron de coincidencia con la salvedad de esos dos afilados estiletes cruzados en el aire. Sí el alcalde de Madrid apostó por acabar con las “dicotomías antiguas” en su partido, la presidenta del PP madrileño lo hizo por mantener los principios tradicionales del Partido Popular, algo en lo que viene incidiendo en toda clase de foros y en lo que habría de coincidir con un Mayor Oreja, que en la clausura del Foro remarcó “lo absurdo y ridículo que es que se divida al PP en duros y blandos, renovadores y continuistas o en halcones y palomas”.Recuperado el aliento, sí es que en tan aciaga semana lo ha llegado a perder, la lideresa popular, que tal se diría estaba ávida de luces y taquígrafos que siguieran su ir y venir por el Palacio de Congreso, hizo todo lo posible para que la “gran infamia” de la que dice haber sido objeto transcendiera el ámbito de su Gobierno para convertirse en asunto de partido. Y así fue, al menos en la primera jornada de este Foro, para desasosiego de un eclipsado Mariano Rajoy que intentaba “vender” un renovado partido acorde con lo más “in” de la era digital. Pero hasta eso se lo disputó Aguirre que, ella sí, se sentó frente al ordenador ratón en mano para comunicarse con los bloggueros, mientras por boca de Juanjo Güemes, a la postre secretario de Comunicación del PP de Madrid, anunciaba acciones legales contra el medio que destapado la supuesta trama de espías. Ni siquiera el “Somos”, nombre de la ponencia de Pío García Escudero, o el “Sabemos” de Montoro o el “Pensamos” de Alberto Núñez Feijóo y Antonio Basagoiti, candidatos, respectivamente, a la presidencia de Galicia y el País Vasco, lograron robar plano a la lideresa, a quien sólo Rajoy consiguió arrebatarle protagonismo en la recta final de este encuentro digital, totalmente “obamizado” en sus mensajes y en las poses de sus dirigentes. Vino a decir Rajoy que él sí, y no el PSOE, tiene estrategia política para afrontar la crisis económica y que es necesario apostar por un “nuevo patriotismo” que recupere valores como el trabajo, la austeridad y el esfuerzo. Terminada la disertación de estadísta, llegaba el momento de ajustar los desajustes internos, para lo cual clamó el presidente del PP por la unidad y la cohesión, que él mantendrá “pase lo que pase”, y lanzó varios recordatorios a las ambiciones que le escuchaban: “Estamos aquí para servir a los españoles y para nada más”, “el partido tiene que estar con fortaleza en lo grande, en lo importantes y no en lo pequeño”. El gesto de la presidenta iba ensombreciéndose conforme avanzaba un discurso que sonaba a reprimenda y obviaba solidarizarse con su situación. Ni una vez mencionó Rajoy a Aguirre y mucho menos abordó la “afrenta” que sufre la mandataria autonómica madrileña para respaldar su actuación. Sí en la primera jornada del cónclave popular Aguirre había sido la estrella, robándole plano a Rajoy, éste le reservó para la clausura el cáliz amargo de su indiferencia, y la lidresa acusó el golpe.