RAUL HERAS

Delcy sonrie con Trump da besos a Sánchez y acaba con once años de aislamiento a Venezuela

Raúl Heras | Miércoles 23 de septiembre de 2026

Hace un año, la actual presidenta interna de Venezuela era una apestada para Estados Unidos y para la mayor parte de Europa, alguien a quien se le impedía entrar en la UE y a quien se acusaba de los mismos delitos que al que entonces era su jefe, Nicolás Maduro. Desde el martes pasado, Delcy Rodríguez tiene las bendiciones de Donald Trump, asiste a la cumbre de Naciones Unidas, se viste de blanco, sonríe, hace el signo de la victoria y, mientras Trump, con igual sonrisa, levanta el dedo pulgar en señal de aprobación, la eterna opositora al régimen venezolano, María Corina Machado, comprueba por cuarta vez en este año, desde Panamá, que no puede regresar a su país. Es la geopolítica del dinero, del petróleo y de los equilibrios estratégicos en toda América.



Antes de llegar al hotel Lotte New York, un cinco estrellas situado en el 455 de Madison Avenue, el lugar elegido por el presidente norteamericano para agasajar a los mandatarios que asisten a la cumbre de la ONU, Delcy se levantó de su asiento en el plenario de la 81.ª Asamblea General, se acercó caminando por el pasillo central hasta donde estaba Pedro Sánchez y, con dos besos, recordaron las viejas relaciones internacionales que les unen. El aeropuerto de Barajas y sus famosas maletas quedan lejos, mientras el intermediario que acudió a explicarle que no podía entrar en nuestro país, José Luis Ábalos, espera en la cárcel el desarrollo de los sumarios judiciales que le persiguen junto a Koldo García y Santos Cerdán. Querer explicar el mundo sobre las mismas bases que antes de la llegada de Trump al poder, de las guerras de Ucrania, de Gaza y Cisjordania, de Irán e Israel, es pura especulación. El mundo ya ha cambiado.

Estados Unidos ya controla la quinta parte del petróleo venezolano y las concesiones que se den para la extracción a terceros países. Lejos queda la Cumbre Iberoamericana de 2015, con Barack Obama saludando a Nicolás Maduro. Once años es una eternidad. Tres presidentes norteamericanos en Washington y un mismo régimen en Caracas. Dentro de cuarenta días se celebrará en Madrid la nueva cumbre y el Gobierno de Sánchez quiere que Delcy Rodríguez se siente junto a Javier Milei y Nayib Bukele. El último obstáculo para lograrlo está en la Unión Europea, que debería ser consciente de lo que representan las sonrisas y los gestos de Trump y Delcy. Las empresas españolas, con grandes inversiones en Venezuela, como Repsol, se lo agradecerían.

En España estará en contra la oposición de Feijóo y Abascal, que actuarán más por motivos electorales que por sentido práctico de lo que significan las relaciones internacionales en este mundo globalizado de hoy. Las ideologías cerradas no sirven, ni las de derechas ni, menos aún, las de izquierdas. Priman los intereses económicos, financieros y empresariales. A ver si se enteran de una vez y dejan los manifiestos políticos para las citas electorales.

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