Miguel Ángel Calama era en 2011 director general de Banesto en Cataluña. Tuvo la suerte de que uno de los últimos actos del Gobierno de Rodríguez Zapatero, antes de entregarle el poder a Mariano Rajoy como vencedor de las elecciones, fuese conceder el indulto a quien en esos momentos era el consejero delegado del Santander y había sido presidente de Banesto tras la intervención del banco por el Gobierno de Felipe González y su posterior venta a Emilio Botín. Esa es la clave.
El presidente del Santander no podía prescindir de su número dos, algo que hubiera ocurrido de haberse cumplido la sentencia del Tribunal Supremo. Un largo proceso judicial que comenzó por la orden de Sáenz de recuperar a toda costa las deudas y créditos vencidos. Con la presencia del juez Pascual Estevill por medio, el entonces director general para Cataluña del banco apretó a todos los clientes “morosos” y se pasó en su misión.
Zapatero y Botín mantenían una relación estrecha y de mutuas ventajas. Lo que había comenzado con Mario Conde en la presidencia de Banesto se terminaba unos quince años más tarde. Sáenz no dejaba de ser banquero, con su hoja limpia, y lograba para el abogado Jiménez de Parga y el directivo de Banesto lo mismo.
Miguel Ángel Calama abandonó Banesto y se convirtió en el hombre fuerte de Globalcaja, la unión de varias cajas rurales de Castilla-La Mancha.
Zapatero no hizo ningún favor al hermano del juez que lleva su caso; se lo hizo al banquero más poderoso del país.