Investigadores de la URJC han creado un índice para medir el impacto humano en lagos de montaña, buscando mejorar la gestión y conservación de estos ecosistemas vulnerables.
Investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) han desarrollado un nuevo índice destinado a evaluar el impacto humano en los ecosistemas lacustres de alta montaña. Este avance tiene como objetivo fundamental contribuir a la gestión y conservación de estas áreas vulnerables, que son esenciales para la biodiversidad y el equilibrio ecológico.
El índice combina ocho variables que reflejan las presiones humanas sobre los lagos montañosos.
Los hallazgos revelan una notable variabilidad en la presión humana, destacando la ganadería como la principal influencia.
La herramienta puede ser utilizada para mejorar la gestión ambiental en otras regiones montañosas.
El Grupo de Alto Rendimiento en Biodiversidad y Ecología de las Aguas Dulces, junto con el Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG), ambos pertenecientes a la URJC, han ideado este indicador tras identificar que los sistemas lacustres de montaña enfrentan diversas presiones humanas que a menudo no son reconocidas o cuantificadas. La investigadora Clara Sáez, parte del equipo, subraya la necesidad de contar con herramientas efectivas para medir estos impactos.
Este nuevo índice se basa en un análisis exhaustivo que incluye ocho variables relacionadas con diferentes formas de presión: ganado, presas, refugios, tipos de pesca, accesibilidad y uso recreativo mediante aplicaciones móviles como Wikiloc y Strava. La información fue recopilada utilizando imágenes satelitales, bases de datos oficiales y observaciones directas en campo.
Los investigadores aplicaron este índice a 29 sistemas lacustres situados en la Sierra de Gredos y el Parque de Sanabria. Los resultados fueron comparados tanto entre estas dos áreas como con un índice global conocido como huella humana, lo que permitió evaluar su efectividad. Los hallazgos publicados en la revista Limnology and Oceanography: Methods indican una gran variabilidad en cuanto a las presiones humanas dentro incluso de espacios protegidos.
Entre las conclusiones más relevantes destaca que la ganadería se presenta como la presión más constante e influyente en ambas regiones estudiadas. Además, factores como la pesca recreativa, el acceso a los lagos y las construcciones humanas también tienen un impacto significativo.
Sáez enfatiza que este estudio es crucial por dos razones: primero, revela que estos ecosistemas no son tan prístinos como comúnmente se cree; segundo, ofrece una herramienta accesible para identificar y priorizar impactos humanos, facilitando así su gestión y conservación. Con miras al futuro, se espera que esta metodología pueda ser validada y adaptada a otros sistemas montañosos para seguir analizando los efectos reales de las actividades humanas sobre el medio ambiente.