Tur Torres

Las “ tacañonas” de Sánchez que se disponen a cobrar el premio de consolación

Tur Torres | Jueves 14 de mayo de 2026

Las derrotas tienen vencedores marginales y la del PSOE en Andalucía no podía ser la excepción. Me recuerda al más famoso concurso de la televisión en España. Todas las semanas, durante doce largos años, tres mujeres conocidas como “las Tacañonas” gritaban a los atemorizados concursantes: “Campana y se acabó”, mientras una de ellas la hacía sonar sobre sus cabezas. Convertidas hoy en el trío real que mueve a la izquierda rebelde española, ni Yolanda, ni Ione, ni Irene están dispuestas a dejar que el concursante Sánchez consiga el premio del apartamento. Aquel, el de la televisión, estaba en la playa. Este ha mejorado mucho y está en La Moncloa.



Paloma, Teresa y Fernanda, las hermanas Hurtado, cumplían a la perfección el papel que les había adjudicado Chicho Ibáñez Serrador dentro del programa/concurso “Un, dos, tres... responda otra vez”. El genio nacido en Montevideo, ya desaparecido, anticipó una vida pública convertida en un gran concurso en el que las preguntas están cargadas de mentiras, en el que se busca confundir al adversario/concursante y en el que los premios gordos no son un “apartamento en Torrevieja”, sino los sillones del poder.

Nuestra política, esta del día a día, la de los pactos de hoy que se negaban ayer, es un gran homenaje al hombre que cambió la televisión en este país y que consiguió que, en una población de 37 millones de habitantes, 24 de ellos se pusieran cada semana delante de la pantalla.

Ha sonado la campana del tiempo y las tres dirigentes que se han reunido en Sumar, de mala gana y pensando más en su futuro personal que en el de los votantes a los que se dirigen, al igual que aquellas entrañables y, a la vez, malvadas Tacañonas vestidas del siglo pasado, saben que las negociaciones para elegir alcaldes y presidentes autonómicos están llegando a su fin. Queda la gran cita electoral de julio y los concursantes deben responder a las preguntas que ese “presentador” que se hace llamar democracia parlamentaria ha hecho en las urnas. De sus votos y escaños depende que el nervioso concursante llamado Pedro Sánchez gane o pierda el poder.

Se trata de sumar aciertos y evitar errores durante los próximos cuatro años. En la mayoría de las doce comunidades que habían convocado a sus ciudadanos, y en una gran mayoría de los más de ocho mil ayuntamientos, el ganador ha sido el Partido Popular, pero lo de gobernar es otra cosa. Y mantener los asientos en el Congreso es mucho más importante.

En el concurso creado por Ibáñez Serrador en 1972 —y que, a través de varias etapas, llegó hasta 2004—, junto a las Tacañonas estaban las azafatas, con sus minivestidos y grandes gafas de concha, muy lejos del furibundo feminismo que han alentado nuestras Tacañonas de este 2023.

Hoy, en la política, frente al PP y Vox, en su papel de encargados de aguarle la fiesta al candidato socialista que cree que conseguirá cruzar primero la meta y que le van a dar la medalla del ansiado sillón, están unas azafatas —Sumar, Más País, Compromís, Bildu, CUP, Podemos, PRC, PNV, Esquerra...— que, tras su imagen más alegre, esconden las mismas intenciones que sus adversarios.

Pedro Sánchez, con su “un, dos, tres” particular y consumidos 120 escaños en el Congreso, tiene que responder, al igual que hacían los concursantes hace más de 40 años, a un conjunto de preguntas que van ganando en complejidad e importancia según avanzan las negociaciones a lo largo y ancho de España. Su problema está en el inicio, al escoger los sobres que las contienen: o el “rojo-morado” de izquierdas o el intento desesperado de incluir los restos del desaparecido “naranja”, del que parecen haberse apropiado en exclusiva la derecha de Feijóo. Y en cada sobre que abre aparece una condición o una negativa.

Para avanzar en el concurso hacia el ansiado “piso de Torrevieja”, transformado en La Moncloa, debe contar con otros colores más regionales, pero con preguntas igual de complejas en su interior. Su ventaja está en que es el único concursante posible para llevarse el gran premio. Las necesarias y temidas Tacañonas, en su enlutado campanario, tienen la única respuesta posible para que el actual inquilino de La Moncloa tenga un final feliz. Algunas azafatas de entonces salieron del concurso y alcanzaron el éxito cinematográfico dentro y fuera de España. Es posible que Yolanda, Ione e Irene logren lo mismo fuera del Gobierno.

Ni el uno ni las otras pueden olvidar que, en los inicios del programa y durante sus 411 semanas, los que daban las malas noticias eran don Cicuta y sus “cicutillas”, con luengas barbas transformadas, 50 años más tarde, en escogidas coletas madrileñas y rastas canarias. ¿Quién se llevará la calabaza?


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