Primero desaparecieron las pintadas en las paredes con las que trabajadores y vecinos denunciaban los errores o despropósitos de los políticos, al mismo tiempo que se desvanecían las huelgas, luego fueron menguando las manifestaciones de protesta hasta convertirse en procesiones más o menos grandes que ya no asustan a ningún gobierno ya sea nacional o autonómico, y finalmente los políticos también van perdiendo el miedo a los jueces por más que amenacen con meter en la cárcel a corruptos y miembros de “presuntas organizaciones criminales", como definió al grupo de Abalos, Koldo y Aldama el teniente coronel Antonio Balas, jefe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO)
.
Felipe González tuvo que hacer frente a una huelga general el 14 de diciembre de 1988 que supuso la ruptura del PSOE con su hermana sindical, la UGT, y Comisiones Obreras, durante los dos años anteriores, el propio gabinete socialista tuvo que hacer frente a grandes huelgas de estudiantes que lograron forzar a los políticos para que decretaran la gratuidad del Bachillerato y el incremento de las becas.
Desde entonces las huelgas generales convocadas por los sindicatos han sido tan minoritarias que su efecto se fue apagando hasta casi desaparecer por completo y más cuando gobiernan la izquierda.
Frente a los gobiernos de Zapatero y sus decisiones a favor del matrimonio gay o la despenalización del aborto la Iglesia Católica, gobernada por el arzobispo Rouco Varela, sacó a sus fieles a la calle en grandes manifestaciones que tomaban la Plaza de Colón como lugar de referencia, pero pronto se cansaron los católicos cuando vieron que ZP ni se asustaba. Tanto el PP como Vox han intentado convocar a sus simpatizantes contra los gobiernos de Pedro Sánchez con el mismo resultado negativo
Las manifestaciones de la izquierda llegaron a su pleno apogeo tras el éxito del movimiento del 15-M, entre 2011 y 2015, en la mayor parte de los casos al margen o por encima de los partidos políticos, cuyo éxito fue aprovechado por Pablo iglesias y sus compañeros para fundar Podemos. El resultado fue que el movimiento asambleario acabó desapareciendo. Los intentos para revitalizar las “Manis” contra la Sanidad o la Educación de Isabel Díaz Ayuso en Madrid han ido menguando, igual que las de la Vivienda Digna contra el Gobierno de Sánchez tras comprobar que no han logrado nada en los ocho años de gobierno socialista.
El ex presidente valenciano Carlos Mazón aguantó sin pestañear un año entero a continuas manifestaciones que pedían su cabeza y solo se fue cuando se lo reclamó directamente su jefe de filas, Alberto Núñez Feijóo. Lo mismo le ocurre al ministro de Transportes socialista, Oscar Puente, frente a las manifestaciones, mucho más pequeñas, de las familias de las víctimas del accidente de Ademuz (Córdoba).
La defenestración de Mariano Rajoy en junio de 2018, como consecuencia de la sentencia del Tribunal supremo que condenaba al Pp por financiación ilegal parecía que iba a provocar un temor real de los políticos hacia los jueces que también habían mandado a la cárcel por corrupción a importantes empresarios, como Rodrigo Rato, Miguel Blesa (Bankia), por no hablar del caso de los falsos EREs en Andalucía o de la familia Pujol en Cataluña, pero Pedro Sánchez está demostrando que ni metiendo en la cárcel a sus números dos, Abalos y Santos Cerdán, ni amenazando con juzgar a su mujer y a su hermano, va a dimitir. Ya ni los jueces dan miedo a los políticos.